miércoles, 10 de febrero de 2016
I. Diagnóstico Sanguíneo Argentino por Ignacio Vizzon
I. Diagnóstico Sanguíneo Argentino por Ignacio Vizzon
La idiosincrasia de la matriz ideológica del país está compuesta por una mafiocracia que contiene y dirige desde arriba hacia abajo el delito y la corrupción para satisfacer sus propios vicios y los ajenos, prácticamente la sociedad entera se encuentra involucrada indirecta o directamente en el entramado político corrupto para que todas las actividades consideradas delictivas por la justicia se puedan llevar a cabo sin inconvenientes mayores. Por lo tanto es prácticamente imposible que la sociedad se decida a investigar o a erradicar estos hechos, ya que se vería seriamente involucrada de una manera directa o indirecta. Dado que la mayor parte de la sociedad recibe beneficios de este sistema mafiocratico. Entonces es definitivamente imposible cambiar la esencia de puerto pirata que llevamos en la sangre desde la colonia.
Todas las sociedades se rigen a través de reglas impuestas por la fuerza a través de escalas de poder de las más diversas formas adjudicadas en cada uno de los sectores del país, a pesar de que en 1800 se haya escrito una constitución esta no asegura que la misma se cumpla en todo el territorio. El país convive en una anarquía pesudocomunista/pesudocapitalista donde las revueltas por injusticia son frecuentes. El estado nunca logro tomar el poder definitivo del país, de hecho el estado debe negociar con las distintas mafiocracias que controlan su poder de trabajo , su función vital para el desarrollo de las actividades que mantienen en movimiento al país. Dado la ineficiencia ( o incluso inexistente) del del diálogo entre los gobernantes de turno y todas las partes involucradas . Estas mafiocracias se ven forzadas a defender sus beneficios tomando de rehén su poder de trabajo para así conseguir lo que creen justo como valor económico por su aporte a la causa común.
Lo que genera constantes divisiones que no permiten que toda la sociedad pueda funcionar de una manera conjunta que logre concentrar el mayor caudal de energía concentrada en un mismo ( o solo) objetivo que permita el progreso de la nación a travez de la acumulacion de la riqueza ( para su posterior inversión) , estos constantes, constantes conflictos sociales (discusiones negociaciones) entre todas las partes detienen una y otra vez la maquinaria nacional haciéndola lenta e ineficaz.
Los estados paralelos (espontáneos) que buscan beneficios para sus pobladores proliferan por todo el país funcionando de forma independiente y anómica. Y utilizando las riquezas obtenidas en resolver sus problemas ( a veces demasiado personales) mas urgentes sin ningun tipo de planificación que abarque a la totalidad de las partes. Lo que provocan pequeñas grandes mejoras en diferentes zonas del país que conviven desconectadas unas con otras provocando una incomunicación que lleva a la incomprensión del porqué de las fallas, causal también de las constantes peleas que no nos permiten lograr el bien común de toda la ciudadanía , se malversan los fondos en miles de obras inútiles que no están en concordancia con las necesidades de todas las mafiocracias involucradas en el funcionamiento del país que al fin y al cabo , son las que llevan al país adelante.
Entre todos estos conflictos conviven cientos de empresas (multinacionales) internacionales o nacionales que a pesar de todos los inconvenientes que suceden en el país , ya sea desde el estado de las rutas hasta lo poco aceitado de la burocracia etc, logran hacer negocios y llenar sus arcas de dinero, la mayoría de ellas invierten en si mismas o incluso en franquicias fuera de nuestro país.
Por lo tanto el estado esta solo y fundido con una infraestructura que se cae a pedazos por el paso del tiempo, si los impuestos no lo salvan. ¿Quien lo salvará? ¿Acaso Messi?
lunes, 8 de febrero de 2016
Militantes o Agoreros By Jorge Lanata
Sobre la militancia Por Jorge Lanata
En Montevideo, en 1984, todavía existía el Café Sorocabana. Sus avisos en los diarios decían “Lea poesía. Café Sorocabana”. En Buenos Aires hervía el gobierno de Alfonsín y al lado se derrumbaba lentamente la dictadura de Gregorio Conrado Alvarez Armelino, el Goyo Alvarez, que ocupó la presidencia de Uruguay entre 1981 y 1985, actualmente condenado por homicidio agravado. Yo había llegado por el semanario El Periodista y de aquel viaje entre cientos de viajes siempre recuerdo dos hechos: la olla popular de La Teja tenía psicólogo y los sindicalistas –y quizá este fue el hecho que más me asombró– trabajaban.
–¿Y a qué hora lo puedo encontrar?– pregunté por un gremialista metalúrgico en el comando central del PIT-CNT.
–Acá viene a la noche. De día está en el taller, trabajando.
Era difícil imaginarse en esos años a Ubaldini en la cervecería o a Lorenzo Miguel en el taller. Recuerdo ahora esa escena, mientras en Argentina se desgasta la absurda polémica del militante rentado, confundiéndola con la libertad de expresión o el derecho a crear revolucionarios profesionales: una minoría a la que la mayoría debiera verse obligada a mantener.
A medida que pasan los meses y vemos actuar al kirchnerismo residual, su herencia cultural aparece más desnuda. Raúl Aragon, titular de la consultora que lleva su nombre, afirmó citado por Laura Di Marco en La Nación que “el setentismo es cada vez menos capaz de interpretar al mundo de manera que los lleve a un accionar eficiente”. La historiadora Vera Carnovale disiente: “Es probable que reencarne bajo otras formas políticas, es tan grande la herencia de la revolución y dejó a tantos millones sin faro y sin sentido que es imposible que esa idea se esfume”. María Matilde Ollier, en la misma nota, señala el cinismo k: “Señalar que el kirchnerismo es la generación política de los setenta es hacerse cargo del Relato. Esa fue una estrategia de Néstor para darle al gobierno el barniz de lo nuevo y mostrarlo a él, a los ojos de la opinión pública, lejos del peronismo de cuyas entrañas era parte”.
Persistan o no los ideales del setenta sería bueno preguntarse cuáles fueron o cuáles hubieran sido: la dictadura provocó 30.000 muertes; ¿cuántas hubieran provocado los montoneros? Nunca va a terminar de arrepentirse el gobierno K de haber invitado a Tzvetan Todorov, el filósofo búlgaro-francés, a visitar el Parque de la Memoria. Al poco tiempo publicó en El País de Madrid: “En el catálogo institucional del Parque de la Memoria, publicado hace algunos meses, se puede leer: ‘Indudablemente, hoy la Argentina es un país ejemplar en relación con la búsqueda de la Memoria, Verdad y Justicia’. Pese a la emoción experimentada ante las huellas de la violencia pasada, no consigo suscribir esta afirmación. En ninguno de los dos lugares que visité vi el menor signo que remitiese al contexto en el cual, en 1976, se instauró la dictadura, ni a lo que la precedió y la siguió. Ahora bien, como todos sabemos, el período 1973-1976 fue el de las tensiones extremas que condujeron al país al borde de la guerra civil. Los Montoneros y otros grupos de extrema izquierda organizaban asesinatos de personalidades políticas y militares, que a veces incluían a toda su familia, tomaban rehenes con el fin de obtener un rescate, volaban edificios públicos y atracaban bancos. Tras la instauración de la dictadura, obedeciendo a sus dirigentes, a menudo refugiados en el extranjero, esos mismos grupúsculos pasaron a la clandestinidad y continuaron la lucha armada. Tampoco se puede silenciar la ideología que inspiraba a esta guerrilla de extrema izquierda y al régimen que tanto anhelaba. Como fue vencida y eliminada, no se pueden calibrar las consecuencias que hubiera tenido su victoria. Pero, a título de comparación, podemos recordar que, más o menos en el mismo momento (entre 1975 y 1979), una guerrilla de extrema izquierda se hizo con el poder en Camboya. El genocidio que desencadenó causó la muerte de alrededor de un millón y medio de personas, el 25% de la población del país. Las víctimas de la represión del terrorismo de Estado en Argentina, demasiado numerosas, representan el 0,01% de la población”.
La idea de “juventud maravillosa” tiñe la herencia residual: una generación que se supone de superhombres diezmada por militares extranjeros. Tal mito está tan enraizado en la cultura residual K que ha llevado a los jóvenes de La Plata, por ejemplo, a pensar que Rodolfo Walsh fue un gran periodista y escritor porque era guerrillero. Del mismo modo que se cree que Baudelaire escribía sus poemas gracias a las drogas. Es exactamente al revés: Walsh fue un gran escritor a pesar de ser guerrillero. Baudelaire era un gran poeta, a pesar de las drogas.
El kirchnerismo propone una idea de la militancia en sintonía con aquella generación aunque, claro, más lavada: sería como comparar a García Márquez con Isabel Allende. Aún así, persiste la idea central de negar la realidad evidente, el comportamiento de guetto fanático y la adhesión religiosa al manual político. Y, en el subtexto, la fórmula final del Hombre Nuevo, una idea bíblica que nunca resolvió la contradicción de hacer nacer al Hombre Nuevo de las manos del Hombre Viejo.
El militante, según el diccionario, es “quien adhiere a una ideología. Su modo de obrar y de pensar son militantes”. ¿Se imaginan un “modo de pensar militante”? De existir ese infierno, se entendería el cargo que le fue dado por el decreto 837/2014 a Ricardo Forster, “Secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional”. La etimología de la palabra viene de “militaris”, que se empleaba para referirse a todo lo concerniente a los soldados; la partícula “nt” que se usaba para indicar “agente” y el sufijo “ia” que es equivalente a “cualidad”.
“La Argentina no va a caer en default –dijo Cristina cuando Argentina cayó en default–. Van a tener que inventar un nombre nuevo”. A los pocos minutos, los bots de las redes lanzaron la campaña “ponele nombre al default”. La militancia es, también –o quizá más que nada– una cuestión de palabras: la “juventud maravillosa” llamaba “recuperar” al rescate de un secuestro o el dinero de un robo; “proletarizar” a enviar a un militante de clase media a vivir con la clase obrera; “ajusticiar” a asesinar, etc. En la misma tradición –menos violenta, claro– puede encontrarse hoy en la red el “Diccionario Militante” en el que se detallan como parte del credo: ordenarse: “adoptar o hacer adoptar una actitud correcta respecto de las jerarquías”; homologado: “el compañero que se encuentra ratificado y aprobado”; mastiquín: “pequeña prebenda o ventaja legal éticamente reprochable. ej: anda buscando un mastiquín pero no le damos bola” y algunas autorreferenciales: “patear los soldaditos”, refiere a una anécdota de Máximo Kirchner cuando su padre le pateaba los soldaditos durante el juego y pasa a la Historia de la Militancia como: “acción de desarmarle el esquemita como metodología correctiva”.
Otra de las palabras del credo militante es empoderamiento, cuyo origen se cuenta desvirtuado: los diccionarios ad hoc descubren su nacimiento en el pedagogo brasilero Paulo Freyre, pero en verdad es una palabra de la lengua inglesa “to empower”, que se emplea en textos de sociología política con el sentido de “conceder poder a un colectivo desfavorecido económicamente”. El sustantivo es “empowerment”, empoderamiento.
Muchos de los chicos que hoy repiten el credo militante desconocen las órdenes del Primer Testamento. En el Seminario de Formación Interna de las Abuelas de Plaza de Mayo se publica “Moral y proletarización”, el manual de conducta ética del ERP, escrito en 1972 por Luis Ortolani con el seudónimo de Julio Parra: “Individualmente para los revolucionarios de extracción no proletaria la proletarizacion se impone para, ante todo, compartir la práctica social de la clase obrera, su modo de vida y su trabajo”, dice.Dedica varios párrafos al comportamiento íntimo, en los que define a la pareja como célula político familiar: “Es cierto que se pueden citar casos de compañeros que por temor por sus hijos han dado muestras de debilidad frente al enemigo, que a causa de ellos han descuidado su actividad revolucionaria, pero esto no quiere decir que sus hijos sean las causas de esta actitud sino que constituyen una manifestación más del individualismo pequeño burgués. Los hijos de los revolucionarios deben compartir todos los aspectos de la vida de sus padres, incluso a veces sus riesgos. La hermosa imagen de la madre vietnamita que amamanta a su niño con el fusil a su lado que hemos visto en algunos afiches y revistas es todo un símbolo de esta nueva actitud revolucionaria frente a los hijos. Los niños deben integrarse a las masas de la manera que les sea posible, jugando y conviviendo con los hijos de los obreros”.El manual condena sin atenuante alguno la infidelidad: “Otra falta de respeto por la pareja se manifiesta cuando se produce una separación temporaria por las tareas o porque uno de los compañeros o ambos caen en manos del enemigo. En estos casos es frecuente que los compañeros tiendan a iniciar nuevas relaciones. Es una manera cómoda de resolver las carencias propias inmediatas y constituye una muestra de fuerte individualismo”. En “Moral y disciplinamiento interno del PRT ERP”, Vera Carnovale cita a Juan José Sebreli recordando: “El ERP no quería saber nada de los gays por su castrismo mientras que en los montoneros lo que más influía era su catolicismo. Es conocida la frase de Fidel Castro “La revolución no necesita de peluqueros”.Tampoco había lugar para el onanismo, incompatible con el Hombre Nuevo y que debilitaba la moral del revolucionario. Se consideraba que la masturbacion deformaba la mente y debilitaba el cuerpo, por lo cual una mente deformada y un cuerpo débil se prestaban para cualquier traición. El cuadro –otra palabra que reza el kirchnerismo residual– debe actuar como profesional al servicio de la causa obrera, su vida está dedicada por entero al servicio del movimiento revolucionario. “El cuadro actuá como un hombre que piensa, reflexiona, vive en función de la revolución.No hay vida fuera de ella”, afirmaba el Che Guevara, citado en “La formación multilateral de cuadros” de De Santis, donde se recomienda que “el uso de la bibliografía debe tomarse como enciclopedia para resolver todos los problemas”.
“La otra noche, cuando vi a Casey Wander, el nene de 11 años que fue entrevistado por TV en el homenaje a Néstor Kirchner hablar con tanta pasión, recordé aquellos tiempos, esa adrenalina contagiosa, esa marea que es la militancia”, tuiteó Cristina. Marea, adrenalina, cuadros con el pensamiento dibujado. A lo largo de los últimos cien años, el “pensamiento” de los “cuadros” no ha variado: el pueblo no se rebela por culpa de la ideología dominante y está adormecido por el consumismo; el gobierno mundial está manejado por una pequeña camarilla que sólo representa sus propios intereses. Ellos, a la vez, son el Pueblo, la Nación y el Bien. En nuestro gremio, el periodismo, las consecuencias del periodismo militante han sido funestas; el periodismo militante está filosóficamente en contra del periodismo: el periodista tiene preguntas y el militante respuestas.El periodista duda y el militante sostiene su fe. Cuando Cristina hablaba de la “cadena del desánimo”, creía una vez más en su propia mentira: le atribuía a los medios la obligación de difundir felicidad, de mantener en alto el espíritu de la Revolución (recuérdese que el kirchnerismo hizo una Revolución con Boudou, Moreno, Lázaro, Cristóbal, Schoklender, Jaime, De Vido y otros). Cristina quería, cada mañana, la tapa del Granma con la vaca lechera campeona. Por eso ninguna revolución pudo jamás tener prensa libre: porque la realidad no coincide con la teoría por decreto.El gobierno K montó el mayor aparato de propaganda desde los años cincuenta: nadie lo leía, nadie lo escuchaba, nadie lo miraba.Entonces aplicaron su lógica militante:como somos la Verdad, es el Estado quien debe financiarnos. El pueblo debe financiar a la secta para que la despabile: que vayan poniendo el dinero, ya se enterarán por qué. En esas cuestiones la militancia se ha mantenido inalterable. Pasó en el Partido Comunista, propietario de la embotelladora de Coca Cola, de laboratorios, de banca cooperativa; en algún momento unos fueron menos comunistas que otros. En otro estilo, algo similar hicieron varios sobrevivientes de la guerrilla en el exilio: secuestros a empresarios en Sao Paulo o Madrid, la revolución necesitaba caja chica para viáticos. “La militancia no está mal dentro del periodismo siempre y cuando no desvirtúen los hechos –dice Fernando Savater a La Gaceta de Tucumán–. El problema se presenta cuando se acomodan los hechos para que se coincida con una visión política. Hay realidades que exigen posiciones militantes, como la trata de personas o el uso de niños en guerras, y no permiten actitudes conciliadoras. Ahora bien, cuando la militancia del periodista está ligada al oficialismo conlleva un riesgo.Los intelectuales que resultan ideales para el poder resultan parecerse a esos perros de plástico que se llevan en los autos y que tienen una cabeza móvil que asiente continuamente con el movimiento”.
La militancia no es una capacidad, sino una elección, y como tal debe ser respetada; hoy se utiliza para justificar cualquier conducta.Tiene que ver,en todo caso, con la generosidad –cuando no se torna fanática y dogmática– como en aquel Montevideo de los ochenta: con gremialistas que van a la CGT a la noche y de día hacen su trabajo.
No estaría mal que los militantes recordaran, cada tanto, una idea de Bertrand Russell, el padre de la lógica matemática, premio Nobel de Literatura en 1950: ”Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas”.
( Fuente : CLARIN)
En Montevideo, en 1984, todavía existía el Café Sorocabana. Sus avisos en los diarios decían “Lea poesía. Café Sorocabana”. En Buenos Aires hervía el gobierno de Alfonsín y al lado se derrumbaba lentamente la dictadura de Gregorio Conrado Alvarez Armelino, el Goyo Alvarez, que ocupó la presidencia de Uruguay entre 1981 y 1985, actualmente condenado por homicidio agravado. Yo había llegado por el semanario El Periodista y de aquel viaje entre cientos de viajes siempre recuerdo dos hechos: la olla popular de La Teja tenía psicólogo y los sindicalistas –y quizá este fue el hecho que más me asombró– trabajaban.
–¿Y a qué hora lo puedo encontrar?– pregunté por un gremialista metalúrgico en el comando central del PIT-CNT.
–Acá viene a la noche. De día está en el taller, trabajando.
Era difícil imaginarse en esos años a Ubaldini en la cervecería o a Lorenzo Miguel en el taller. Recuerdo ahora esa escena, mientras en Argentina se desgasta la absurda polémica del militante rentado, confundiéndola con la libertad de expresión o el derecho a crear revolucionarios profesionales: una minoría a la que la mayoría debiera verse obligada a mantener.
A medida que pasan los meses y vemos actuar al kirchnerismo residual, su herencia cultural aparece más desnuda. Raúl Aragon, titular de la consultora que lleva su nombre, afirmó citado por Laura Di Marco en La Nación que “el setentismo es cada vez menos capaz de interpretar al mundo de manera que los lleve a un accionar eficiente”. La historiadora Vera Carnovale disiente: “Es probable que reencarne bajo otras formas políticas, es tan grande la herencia de la revolución y dejó a tantos millones sin faro y sin sentido que es imposible que esa idea se esfume”. María Matilde Ollier, en la misma nota, señala el cinismo k: “Señalar que el kirchnerismo es la generación política de los setenta es hacerse cargo del Relato. Esa fue una estrategia de Néstor para darle al gobierno el barniz de lo nuevo y mostrarlo a él, a los ojos de la opinión pública, lejos del peronismo de cuyas entrañas era parte”.
Persistan o no los ideales del setenta sería bueno preguntarse cuáles fueron o cuáles hubieran sido: la dictadura provocó 30.000 muertes; ¿cuántas hubieran provocado los montoneros? Nunca va a terminar de arrepentirse el gobierno K de haber invitado a Tzvetan Todorov, el filósofo búlgaro-francés, a visitar el Parque de la Memoria. Al poco tiempo publicó en El País de Madrid: “En el catálogo institucional del Parque de la Memoria, publicado hace algunos meses, se puede leer: ‘Indudablemente, hoy la Argentina es un país ejemplar en relación con la búsqueda de la Memoria, Verdad y Justicia’. Pese a la emoción experimentada ante las huellas de la violencia pasada, no consigo suscribir esta afirmación. En ninguno de los dos lugares que visité vi el menor signo que remitiese al contexto en el cual, en 1976, se instauró la dictadura, ni a lo que la precedió y la siguió. Ahora bien, como todos sabemos, el período 1973-1976 fue el de las tensiones extremas que condujeron al país al borde de la guerra civil. Los Montoneros y otros grupos de extrema izquierda organizaban asesinatos de personalidades políticas y militares, que a veces incluían a toda su familia, tomaban rehenes con el fin de obtener un rescate, volaban edificios públicos y atracaban bancos. Tras la instauración de la dictadura, obedeciendo a sus dirigentes, a menudo refugiados en el extranjero, esos mismos grupúsculos pasaron a la clandestinidad y continuaron la lucha armada. Tampoco se puede silenciar la ideología que inspiraba a esta guerrilla de extrema izquierda y al régimen que tanto anhelaba. Como fue vencida y eliminada, no se pueden calibrar las consecuencias que hubiera tenido su victoria. Pero, a título de comparación, podemos recordar que, más o menos en el mismo momento (entre 1975 y 1979), una guerrilla de extrema izquierda se hizo con el poder en Camboya. El genocidio que desencadenó causó la muerte de alrededor de un millón y medio de personas, el 25% de la población del país. Las víctimas de la represión del terrorismo de Estado en Argentina, demasiado numerosas, representan el 0,01% de la población”.
La idea de “juventud maravillosa” tiñe la herencia residual: una generación que se supone de superhombres diezmada por militares extranjeros. Tal mito está tan enraizado en la cultura residual K que ha llevado a los jóvenes de La Plata, por ejemplo, a pensar que Rodolfo Walsh fue un gran periodista y escritor porque era guerrillero. Del mismo modo que se cree que Baudelaire escribía sus poemas gracias a las drogas. Es exactamente al revés: Walsh fue un gran escritor a pesar de ser guerrillero. Baudelaire era un gran poeta, a pesar de las drogas.
El kirchnerismo propone una idea de la militancia en sintonía con aquella generación aunque, claro, más lavada: sería como comparar a García Márquez con Isabel Allende. Aún así, persiste la idea central de negar la realidad evidente, el comportamiento de guetto fanático y la adhesión religiosa al manual político. Y, en el subtexto, la fórmula final del Hombre Nuevo, una idea bíblica que nunca resolvió la contradicción de hacer nacer al Hombre Nuevo de las manos del Hombre Viejo.
El militante, según el diccionario, es “quien adhiere a una ideología. Su modo de obrar y de pensar son militantes”. ¿Se imaginan un “modo de pensar militante”? De existir ese infierno, se entendería el cargo que le fue dado por el decreto 837/2014 a Ricardo Forster, “Secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional”. La etimología de la palabra viene de “militaris”, que se empleaba para referirse a todo lo concerniente a los soldados; la partícula “nt” que se usaba para indicar “agente” y el sufijo “ia” que es equivalente a “cualidad”.
“La Argentina no va a caer en default –dijo Cristina cuando Argentina cayó en default–. Van a tener que inventar un nombre nuevo”. A los pocos minutos, los bots de las redes lanzaron la campaña “ponele nombre al default”. La militancia es, también –o quizá más que nada– una cuestión de palabras: la “juventud maravillosa” llamaba “recuperar” al rescate de un secuestro o el dinero de un robo; “proletarizar” a enviar a un militante de clase media a vivir con la clase obrera; “ajusticiar” a asesinar, etc. En la misma tradición –menos violenta, claro– puede encontrarse hoy en la red el “Diccionario Militante” en el que se detallan como parte del credo: ordenarse: “adoptar o hacer adoptar una actitud correcta respecto de las jerarquías”; homologado: “el compañero que se encuentra ratificado y aprobado”; mastiquín: “pequeña prebenda o ventaja legal éticamente reprochable. ej: anda buscando un mastiquín pero no le damos bola” y algunas autorreferenciales: “patear los soldaditos”, refiere a una anécdota de Máximo Kirchner cuando su padre le pateaba los soldaditos durante el juego y pasa a la Historia de la Militancia como: “acción de desarmarle el esquemita como metodología correctiva”.
Otra de las palabras del credo militante es empoderamiento, cuyo origen se cuenta desvirtuado: los diccionarios ad hoc descubren su nacimiento en el pedagogo brasilero Paulo Freyre, pero en verdad es una palabra de la lengua inglesa “to empower”, que se emplea en textos de sociología política con el sentido de “conceder poder a un colectivo desfavorecido económicamente”. El sustantivo es “empowerment”, empoderamiento.
Muchos de los chicos que hoy repiten el credo militante desconocen las órdenes del Primer Testamento. En el Seminario de Formación Interna de las Abuelas de Plaza de Mayo se publica “Moral y proletarización”, el manual de conducta ética del ERP, escrito en 1972 por Luis Ortolani con el seudónimo de Julio Parra: “Individualmente para los revolucionarios de extracción no proletaria la proletarizacion se impone para, ante todo, compartir la práctica social de la clase obrera, su modo de vida y su trabajo”, dice.Dedica varios párrafos al comportamiento íntimo, en los que define a la pareja como célula político familiar: “Es cierto que se pueden citar casos de compañeros que por temor por sus hijos han dado muestras de debilidad frente al enemigo, que a causa de ellos han descuidado su actividad revolucionaria, pero esto no quiere decir que sus hijos sean las causas de esta actitud sino que constituyen una manifestación más del individualismo pequeño burgués. Los hijos de los revolucionarios deben compartir todos los aspectos de la vida de sus padres, incluso a veces sus riesgos. La hermosa imagen de la madre vietnamita que amamanta a su niño con el fusil a su lado que hemos visto en algunos afiches y revistas es todo un símbolo de esta nueva actitud revolucionaria frente a los hijos. Los niños deben integrarse a las masas de la manera que les sea posible, jugando y conviviendo con los hijos de los obreros”.El manual condena sin atenuante alguno la infidelidad: “Otra falta de respeto por la pareja se manifiesta cuando se produce una separación temporaria por las tareas o porque uno de los compañeros o ambos caen en manos del enemigo. En estos casos es frecuente que los compañeros tiendan a iniciar nuevas relaciones. Es una manera cómoda de resolver las carencias propias inmediatas y constituye una muestra de fuerte individualismo”. En “Moral y disciplinamiento interno del PRT ERP”, Vera Carnovale cita a Juan José Sebreli recordando: “El ERP no quería saber nada de los gays por su castrismo mientras que en los montoneros lo que más influía era su catolicismo. Es conocida la frase de Fidel Castro “La revolución no necesita de peluqueros”.Tampoco había lugar para el onanismo, incompatible con el Hombre Nuevo y que debilitaba la moral del revolucionario. Se consideraba que la masturbacion deformaba la mente y debilitaba el cuerpo, por lo cual una mente deformada y un cuerpo débil se prestaban para cualquier traición. El cuadro –otra palabra que reza el kirchnerismo residual– debe actuar como profesional al servicio de la causa obrera, su vida está dedicada por entero al servicio del movimiento revolucionario. “El cuadro actuá como un hombre que piensa, reflexiona, vive en función de la revolución.No hay vida fuera de ella”, afirmaba el Che Guevara, citado en “La formación multilateral de cuadros” de De Santis, donde se recomienda que “el uso de la bibliografía debe tomarse como enciclopedia para resolver todos los problemas”.
“La otra noche, cuando vi a Casey Wander, el nene de 11 años que fue entrevistado por TV en el homenaje a Néstor Kirchner hablar con tanta pasión, recordé aquellos tiempos, esa adrenalina contagiosa, esa marea que es la militancia”, tuiteó Cristina. Marea, adrenalina, cuadros con el pensamiento dibujado. A lo largo de los últimos cien años, el “pensamiento” de los “cuadros” no ha variado: el pueblo no se rebela por culpa de la ideología dominante y está adormecido por el consumismo; el gobierno mundial está manejado por una pequeña camarilla que sólo representa sus propios intereses. Ellos, a la vez, son el Pueblo, la Nación y el Bien. En nuestro gremio, el periodismo, las consecuencias del periodismo militante han sido funestas; el periodismo militante está filosóficamente en contra del periodismo: el periodista tiene preguntas y el militante respuestas.El periodista duda y el militante sostiene su fe. Cuando Cristina hablaba de la “cadena del desánimo”, creía una vez más en su propia mentira: le atribuía a los medios la obligación de difundir felicidad, de mantener en alto el espíritu de la Revolución (recuérdese que el kirchnerismo hizo una Revolución con Boudou, Moreno, Lázaro, Cristóbal, Schoklender, Jaime, De Vido y otros). Cristina quería, cada mañana, la tapa del Granma con la vaca lechera campeona. Por eso ninguna revolución pudo jamás tener prensa libre: porque la realidad no coincide con la teoría por decreto.El gobierno K montó el mayor aparato de propaganda desde los años cincuenta: nadie lo leía, nadie lo escuchaba, nadie lo miraba.Entonces aplicaron su lógica militante:como somos la Verdad, es el Estado quien debe financiarnos. El pueblo debe financiar a la secta para que la despabile: que vayan poniendo el dinero, ya se enterarán por qué. En esas cuestiones la militancia se ha mantenido inalterable. Pasó en el Partido Comunista, propietario de la embotelladora de Coca Cola, de laboratorios, de banca cooperativa; en algún momento unos fueron menos comunistas que otros. En otro estilo, algo similar hicieron varios sobrevivientes de la guerrilla en el exilio: secuestros a empresarios en Sao Paulo o Madrid, la revolución necesitaba caja chica para viáticos. “La militancia no está mal dentro del periodismo siempre y cuando no desvirtúen los hechos –dice Fernando Savater a La Gaceta de Tucumán–. El problema se presenta cuando se acomodan los hechos para que se coincida con una visión política. Hay realidades que exigen posiciones militantes, como la trata de personas o el uso de niños en guerras, y no permiten actitudes conciliadoras. Ahora bien, cuando la militancia del periodista está ligada al oficialismo conlleva un riesgo.Los intelectuales que resultan ideales para el poder resultan parecerse a esos perros de plástico que se llevan en los autos y que tienen una cabeza móvil que asiente continuamente con el movimiento”.
La militancia no es una capacidad, sino una elección, y como tal debe ser respetada; hoy se utiliza para justificar cualquier conducta.Tiene que ver,en todo caso, con la generosidad –cuando no se torna fanática y dogmática– como en aquel Montevideo de los ochenta: con gremialistas que van a la CGT a la noche y de día hacen su trabajo.
No estaría mal que los militantes recordaran, cada tanto, una idea de Bertrand Russell, el padre de la lógica matemática, premio Nobel de Literatura en 1950: ”Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas”.
( Fuente : CLARIN)
lunes, 1 de febrero de 2016
La sociedad de las leyes muertas Por el grupo de los 8
A Carballo procesado no se le mira la causa*
´´El Comandante en jefe llegó a la cita secreta puntualmente. El otro lo esperaba ansioso.
--Lo necesito para una tarea heroica--le reclamó el Comandante.
--¿ De que se trata?-- preguntó el otro.
--Una revolución-- aclaró el Comandante.
--¿Una revolución? -- se asombró el otro, que no creía un revolucionario.
--Sí, la Revolución Productiva-- pontificó el Comandante.
El otro suspiró aliviado , y después habló desde su conciencia:
---Pero mire que estoy procesado, Jefe.
---Justamente por eso : no tiene nada que perder---calculó el Comandante.
El otro, el procesado, se detuvo a meditar unos instantes, y después los ojos se le encendieron cuando preguntó:
--¿Y hay algo para ganar, jefe?
Fragmento de la novela Auge y caída de la ley´´ de Charles Wilbur Indictedman
Los grandes novelistas pueden llegar a adelantar situaciones que , a manera de las profecías, el futuro luego calca lastimosamente. El aburrido texto de Indictedman, anticipa casi en un siglo algo que debe haber existido, aún con algunas variantes, hace menos de dos años en la Argentina.
El profesor Carlos Carballo, muy conocido por su capacidad en el dictado de clases en la Facultad de Economía de la Universidad Católica Argentina , parece tener grandes similitudes con unos de los protagonistas del diálogo precitado.
Este hombre proveniente del peronismo histórico y encargado en una primera etapa del gobierno de Menem de la negociación con los acreedores externos, y posteriormente constituido en virtual viceministro de Economía bajo la conducción de Erman, se caracteriza por ser uno de los funcionarios , entre otros del actual gobierno, que se encuentra procesado por la justicia .
La causa 13.991 del juzgado Criminal Federal N 2 estable a Carballo. prima dacie, culpable por el delito de estafas reiterada en 84 oportunidades contra, entre otros, el estado Nacional vía Bnaco Central de la República Argentina. Se le trabó embargo sobre sus bienes por Aus 1.600.000.000, que en el momento de la decisión judicial representaban U$s 64 millones ( mayo de 1989). Queda absolutamente claro que esta situación es algo irregular, toda vez que el citado Carballo fue nombrado por el Presidente Menem cuando ya el Juez Federal le había dictado la prisión preventiva por delitos contra el Estado.
En Carballo, no solamente podemos rastrear acciones pasadas comprometedoras , como buen profesor y eficiente bancario, sino que podemos encontrar afirmaciones recientes que son más preocupantes.
A los ricos y famosos no
´´....En Argentina el problema no es a quién le cobramos impuestos.Aquí le cobramos impuestos a quien resulte más fácil: cobramos impuestos sobre la luz y sobre el teléfono porque es fácil hacerlo ; cobramos impuestos sobre los combustibles y sobre las exportaciones agropecuarias porque es fácil ; y no cobramos impuestos a las ganancias porque es difícil de cobrar y controlar.Comparar una discusión en un país donde se cumplen las leyes ( el periodista había pedido una comparación con los EEUU) con lo que pasa en un país como el nuestro , donde la legislación fiscal ha sido totalmente violada , es un planteo ideológico y poco serio... Desde nuestro punto de vista sentimos impotencia para cobrar esos impuestos que no se cobran, sean directos o indirectos, progresivos o regresivos´´
( Declaraciones de Carlos Carballo al Suplemento ´´Cash´´ de Página 12 el 14 octubre de 1990)
Es asombroso que un funcionario del Estado, cuyas atribuciones tengan que ver con hacer cumplir las leyes , señale con resignación que en este país es imposible hacerlo, y que demandar a la aplicación de ciertas leyes que, no casualmente, afectarían el patrimonio de los poderosos , es una mera pretensión ideológica y , como ya se sabe, las ideologías han muerto. Según Carballo, tener una ideología es poco serio. Para este Viceministro de Economía el desarrollo Capitalista norteamericano, francés , alemán, japonés , y hasta el español, se tiene que asumir selectivamente , no como una totalidad. Serían paradigmas de a ratos , según la conveniencia y cuando el ejemplo no estorba.
En esta argumentación de Carballo encontramos la falacia ideológica donde se argumenta que no cobrarle impuestos a los ricos es sólo un problema de modorra administrativa , de incapacidad técnica. Lo que ocultan estos dichos es una concepción asumida por todo el gobierno menemista de que el Estado, en realidad, se ha convertido en una herramienta de los poderosos que son la base del poder real de esta política implementada desde julio del 89.
! Cómo se le puede cobrar impuestos a los aliados, a los amigos del mismo palo! Sería casi una traición cobrárselos a ellos habiendo tanto pobre y tanto gil que fuma, usa teléfono y otras excentricidades suntuarias, como si vivieran en un país que les perteneciera.
¿ No será que el viceministro Carballo está esperanzado en que , en esta SOCIEDAD DE LAS LEYES MUERTAS, también haya fallecido la ley que estaría en condiciones de condenarlo?
viernes, 15 de enero de 2016
El rematador y los remates By Anibal Latino
El rematador y los remates
Tiembla la pluma en la mano del escritor al ir á trazar imperfectas líneas el bosquejo de unos de los caracteres más extraños y al mismo tiempo más interesante de la sociedad bonaerense. A la elegancia del estilo y pureza del lenguaje quisiera reunir buen caudal de observación, una erudición vasta, una imaginación fecunda, un gracejo oportuno y de buena ley, todas las ciudades, en fin, que acumulan en diferentes dosis los grandes escritores de novelas , cuadros y de costumbres , para retratar, cual se merece, este modernismo tipo, sud-americano y porteño por excelencia, desconocido allende de los mares y en otros países de sud-america, y no muy bien caracterizado en el pueblo emprendedor por excelencia, en los estados unidos.
Aquí poco falta llegue á adquirir la importancia de una institución, lo que en Europa no puede merecer los honores de oficio. Allá ser rematador, subastador, es ser un cualquiera, y aún puede decirse que no existe tal profesión como manera de vivir. Solo hay remates cuando los prescriben órdenes judiciales ó gubernativas, y no todos, ni aún aquellos á quienes por obligación corresponde, se prestan con mucho gusto á ser rematadores, pues considerase deprimente presentarse en publico á vociferar y hacer gestos como un obececado. Aquí personas distinguidísima no desdeñan dedicarse á tan ingrata como entretenida tarea, que no solo les proporciona pingues ganancias, sinó también relaciones en gran número, y alguna vez influencias. Bien es verdad que los remates, como ya he dicho, son rarísimos en Europa, aún en los grandes centros comerciales. En cambio están en todo su apogeo las liquidaciones perdurables ó que no acaban nunca, y que pueden compararse á los remates semanales que aquí se celebran. Cuestión de costumbre. Sea como quiera, ello no es menos cierto que ni en Europa, ni en los Estados Unidos, ni creo que en los demás países sud-americanos, ni tampoco en las demás poblaciones de la República, los rematadores han sabido imprimir á su oficio ese carácter atrayente, simpático, especial, originalísimo, ejercerlo con desenvoltura, con gracia, con chispa, darle esa importancia, ese tono, ese aliciente, que le han sabido dar los rematadotes porteños.
¿Nó sabe Ud—decíame un día uno de esos funcionarios literatos que el gobierno italiano ha dado en enviar con misiones especiales á este país, y que temo para mí han de traer más tarde algún disgusto--, no sabe ud lo que más me ha llamado la atención en Buenos Aires?
--Es difícil adivinar…
--Pues son los rematadores. Amigo, si hubiera de vivir de renta en esta ciudad me pasaría la vida yendo de un remate á otro. Bien es verdad que es peligroso, porque tal arte tienen, que le hacen comprar á uno lo que no quiere, ni necesita. ¡Qué ocurrencias, de chistes, de rarezas, de extravagancias, de exageraciones, dichas casi siempre con donaire, con oportunidad! ¡ Cómo saben esos diablos realzarse, darse importancia, hasta ennoblecerse en el ejercicio de una profesión que pareciera tan vulgar, tan insignificante!
No necesitaba yó, en verdad, de las excitaciones del amigo italiano para emprenderla con los rematadores, sabiendo el brillante papel que desempeñan en esta Sociedad, y cuanto se habla de ellos de sus hazañas. Grandes deseos tuve de coloarlos á la cabeza de estos mal pintados cuadros; y si no o hice fue por no tener bastante confianza en mis fuerzas, por creer que solo la pluma de un Hurtado, un Cervantes, un Larra, Mesonero Romanos, un Pereda, un Galdós, un Tenier, un Zola, un Dikens, será capaz de reproducir con propiedad los rasgos, los caracteres, los varios aspectos que presentan tan singulares tipos. Pero como no era posible pasarlos por alto, tratándose de costumbre bonaerenses, hube, por fin , de hacer un día de tripas corazón y poner mano a la obra.
Para retardar en lo posible la entrada en materia, hice como el cazador, que da rodeos con el objetos de prepararse mejor el terreno a donde luchar con la fiera que persigue, como el ejercito que bate el campo, y toma posiciones y se extiende en guerrillas para retardar el choque con el enemigo, es decir empecé a ojear la tercera y cuarta plana de los principales diarios, en los que hay sendas columnas reservadas a las producciones filosófico-literarias de nuestros protagonistas , que en ellas dejan entrever y presumir, aunque pálidamente, las habilidades y las maravillas que desplegaran en el momento crítico, en la hora del remate.
Allí, sin embargo, en ese campo inagotable de letras grandes y letras menudas vistosamente dispuestas, tendremos una idea de lo que retrata , de la misma que el perro – para seguir las anteriores comparaciones—anuncia la presencia del cazador, y el ruido de las cornetas y el resplandor de los uniformes y de las armas anuncian la proximidad del ejercito.
¿Sois capitalistas? ¿ Tenéis algunos miles de nacionales de sobra y deseáis emplearlos en la adquisición de una casa, que dé buena renta, cosa infalible en estos tiempos, ó en la compra de algún terreno para edificárosla de la manera que más os plazca? Allí hallareis para todos los gustos, de todos los tamaños, y en todos los puntos de la ciudad y de las afueras. Oíd un momento. Entresacaremos de acá y de acullá unas cuantas palabras, cuidando sobre que no se nos caigan de la boca los adjetivos y superlativos. Habla el rematador, los avisos por el:
—Remate esplendido —colosal —casa para familia — lindisima, elegantísima —magnifica —soberbia, sólida, moderna, bien situada —lujosa, vasta, bonita —paraje central, base ínfima, vale muchísimo mas —vale el doble, casi regalada —ojo a la base —barrio de grande y asombroso porvenir —lugar pobladísimo, comercial donde se edifica extraordinariamente —a donde nadie vende —imposible encontrar nada mejor —es una ganga —en el riñón de la capital —es un edén —venta a todo precio —sin base —por lo que den —al mejor postor —es terminante y obligatoria —es preciso verla ---;Personas de calculo, atención! ; Alerta especuladores! Alerta pichincheros! ¡Alerta, alerta!!
¿Quién se resiste a comprar casas que reúnan todas 6 algunas solamente de las expresadas condiciones? ¿Quien no quiere emplear bien su dinero, hacerse rico en un dos por tres, aprovechar la oportunidad de haber tontos que regalan sus propiedades? Como dejarse escapar la veleidosa Fortuna, que se pone al alcance de la mano? Estáis ciegos? os empeñáis en no ver? Ojo a la base que es regalada, aunque ella pase de cien mil nacionales.
Así, por este estilo, si me propusiese remedar el tono y el buen humor de los avisos podría continuar hasta el juicio final.
Los miles de duros se convierten en despreciables centavos para nuestros rumbosos rematadores; y mas de una vez tetándose de una pequeña casita o de una finca hipotecada por una gran suma, con cuya hipoteca pueda cargar el comprador, os quedareis admirados lo que, como yo, no sepáis por quienes se han hecho los miles, viendo escrito en letras de molde que dos o tres mil nacionales son una miseria, no valen nada, casi no constituyen desembolso alguno. Bien es verdad que tampoco sabemos, como ellos, arbitrar los medios de ganar en un solo día lo que nos cuesta años y años de incesantes sudores. Todo lo cual, sin embargo, es coca baladí, y apenas si merece tomarse en cuenta, en comparación de las transformaciones que llevan a cabo, con la mayor frescura, como si tuvieran algún poder sobrenatural, en la situación, condición y cualidad de las calles de la ciudad, hablándonos de bulevares que ellos solos conocen, o sea concediendo los honores de grandes y espaciosos bulevares a calles humildísimas, y haciéndonos creer que la plaza Once de Septiembre, la de Constitución y otros puntos situados a cuatro y cinco kilómetros de la plaza Victoria son los mas céntricos de la ciudad. En medio de estas exageraciones y anacronismos suelen estampar a veces inocentemente, y sin quererlo sin duda, verdades tan grandes como amargas, capaces de avergonzar y hacer cavilar al Intendente mas despreocupado, si los Intendentes de Buenos Aires se preocupasen por cosas tan pequeñas. Cuando se lee, por ejemplo, que tal calle va a empedrarse muy pronto, pudiera creerse que el rematador se ha equivocado, o que se trata de una calle de cualquiera de los pueblos que rodean a la ciudad, y casi, casi entran ganas de escarmentar de algún modo al denigrador; pero luego se cae en la cuenta que, en efecto, se trata de una, de varias, de muchas calles de la capital, no todas apartadas del centro, y entonces casi, casi se darían las gracias al hombre compasivo y patriótico, que se ha limitado a citar el empedrado, cuando podría haber añadido que pronto habrá también limpieza y alumbrado y otras muchas cosas necesarias que hoy no tienen.
Allí en ese campo inmenso de las producciones rematisticas, permítaseme también inventar algo, especie de puesto avanzado, a donde apenas asoman las guerrillas, que preceden al empuje irresistible del próximo ataque, se permiten también algunos entretenernos con historietas patéticas, dándonos conocer al pobrecito, al infeliz, al inocente que en obsequio nuestro se ha decidido a desprenderse de su hacienda, explicándonos lo que ha sido, lo que es y lo que será, dándonos de paso una multitud de Útiles enseñanzas y consejos, indicándolos lo que debemos hacer, según los tiempos que corren, lo que nos conviene, que es comprar la casa, sea pequeña grande, bien o mal construida, nueva o ruinosa de puro vieja, barata o cara, próxima o apartada; y así hemos de creerlo, y así ha de ser, porque es un edén, es como para novios, parece hecha para nosotros, es una monada, es, en fin todo lo que se quiere, puesto que con mil cosas hermosas se la compara.
Y todo, o mas de lo que se ha dicho por las casas, dígase por los terrenos, que los encontraremos magníficos, hermosos, altísimos, y de balde, por lo que den, en barrios de inmenso porvenir, en garages muy céntricos allá cerca de los Corrales o de Palermo. Y si necesitamos buenos animales vacunos, lanares, caballares, o de otra clase, sabremos a donde encontrarlos excelentes, y tendremos noticias detalladas de su edad, de su parentesco, del lugar de su nacimiento, de sus pelos y señales y hasta de la sangre que corre por sus venas. Ya quisieran mas de una vez muchos individuos poder saber de su origen y de su vida la mitad siquiera de las noticias que se tienen de esos animales, y algo daríamos y darían los jueces y las autoridades en muchas ocasiones si se pudiese justificar tan minuciosamente la existencia de muchas personas, como se justifica y se detalla en los avisos la de muchos animales.
Si por fin no somos capitalistas que podamos soñar en casas ni quintas, ni aspirantes a propietarios que nos atrevamos con un pedazo de terreno que algún día pudiera cubrirse con un edificio cualquiera; si somos como es seguro, unos pobretones, no dejaremos de necesitar muebles para llenar las habitaciones de las casas ajenas en que vivimos, y mercaderías para satisfacer las necesidades del cuerpo: pues de unos y otras sabremos a donde encontrar de la mejor cualidad.
Suficientemente recorrido y examinado el campo de los anuncios, que apenas dan pálida idea de las habilidades de nuestros héroes, tomada oportuna nota de lo que mas nos conviene, urge vayamos sin retardo, si hemos de concluir alguna vez, y queremos coger la sartén por el mango y recibir un abrazo de la Fortuna, a ver como cumplen sus ofrecimientos, los que ya podemos llamar nuestros conocidos y amigos, a estudiarlos, admirarlos en su verdadero terreno, pues solo en el ejercicio de sus funciones es donde se revisten de toda su importancia y majestad, despliegan todas sus dotes, revelan todos los caracteres que les son peculiares, manifiestan su asombrosa vitalidad, las múltiples fases de su complicado y privilegiado organismo.
Mientras llegamos al lugar y a la hora critica, digamos quienes son y de que clase social salen los rematadores.
Prescindiendo de los remates, podría decirse que propiamente los rematadores corresponden a los agentes de negocios de otros países; con lo cual dicho se esta que es gente de comercio dispuesta a enriquecerse lo mas pronto posible, procurándose pingues ganancias, aunque siempre con medios lícitos. Sin embargo, dando muestras de un positivismo y de un sentido practico que no puede sino elogiarse, se ha visto generales, a periodistas, a diputados, a personas de bastante ilustración y que habían ocupado elevadísimos puestos decidirse, en momentos de apuros financieros, a desempeñar este oficio, y aparecer de la noche a la mañana en publico a hacer gala de donaire, buen humor e imaginación en la venta de propiedades, muebles y mercaderías. Cada día, sin embargo, va tomando el oficio un carácter mas comercial, y hoy se dedican a los remates casi exclusivamente los que, después de haber recibido la indispensable instrucción, la han emprendido con los negocios, amen de alguno que otro aventurero de esos que corren la zeta y la meta, que tienen malas asentaderas, y que por probar de todo o aburridos ya de todo, se resuelven también a ser rematadores.
Pero ya llegamos. Una enorme bandera nos indica el punto final de nuestra excursión. Aunque son las doce y media en vez de las doce que señalaba el aviso, nos sobrara tiempo para examinar a nuestro placer todos los objetos expuestos y que han de rematarse (porque hemos venido a un remate de muebles), filosofar sobre ellos, dejar correr nuestra imaginación impresionable, si desconocemos, coma es de suponer, los que han sido sus poseedores, forjar a cada mueble una historia llena de poesía y de romanticismo, pensar en la fragilidad de las cosas humanas, recorrer una y otra vez las dependencias de la casa, y establecer por ultimo lo que nos convenga comprar, o resolvernos a quedar como simples espectadores, para pasar el tiempo, si nada nos conviene. Ya empezara a causarnos alguna inquietud y alguna duda, ver que los riquísimos y elegantísimos y flamantes muebles, que el aviso ensalzaba, son harto viejos y roídos para no tener un cuarto de siglo a lo menos, de existencia; pero esa. duda y esa inquietud se desvanecerán tan luego coma el rematador se presenté en la escena, que será a la una y media, que no es en estos tiempos de buen tono acudir con puntualidad a ninguna parte, ni aun a sacar el dinero del bolsillo del prójimo.
Miradle, allí viene. Viste con elegancia, marcha con desenvoltura, estrecha la mano a este, la levanta en alto para saludar al otro, mira, olfatea, habla desde que entra, y parece conocer a todo el mundo, menos a nosotros, aunque bueno será no le miremos mucho, porque le llamaremos la atención y nos saludara coma antiguos camaradas, y hasta nos tiara la mano, preguntándonos como estamos. Toma disposiciones, da, breves y terminantes Ordenes a su escribiente, recorre rápidamente la casa, sin dejar de hablar un momento. /Señores, vamos a dar principio. A la sala, señores!!!
Que es esto? Estamos en una casa en un teatro? De donde ha salido esa voz, que nos ha ensordecido, que ha hecho temblar las habitaciones, que ha hecho detener la gente en la calle?
Es la suya. Los caballeros acuden, le rodean, le siguen, se apiñan, se mueven a impulso de sus movimientos, forman corro, se detienen, le obedecen como mansos corderos, le miran con aire de admiración y de envidia, penden suspensos de sus labios y de sus ademanes, como los espectadores en las escenas finales de los dramas de Echegaray. El momento es solemne. Sube nuestro campeón sobre una silla, pasea su mirada sobre la concurrencia, enjugase el sudor, si es en verano empuña, sacándolo de un bolsillo, un pequeño martillo, que es para el la varilla mágica, con cuyo auxilio realiza diariamente el milagro de vender lo invendible a precios fabulosos, y exclama:
—La venta, señores, es al contado y a la mejor oferta. Tengan la bondad de no hacerme perder tiempo. Hay mucho que vender y todo ha de salir hoy. Ofrezcan pronto, cualquier cosa, y silencio, que ya no estamos para conversaciones. Empezemos por este riquísimo juego de sala Luís Felipe, forrado en damasco, importado hace un año de Alemania, sin uso, nuevo, clase superior: ;Cuanto ofrecen por este hermosísimo juego compuesto de un sofá, dos sillones y seis sillas, con sus magnificas fundas?
—Sesenta nacionales —dijo, por decir algo o por inocencia, uno de los presentes.
—Sesenta nacionales ofrecen por un juego de sala, que vale mas de seiscientos —grito el rematador—. No importa, por algo se empieza.
Iba yo a darle una lección al osado vecino, mejorando en diez nacionales la oferta, pero al abrir la boca para formular un setenta, otros tres o cuatro pronunciaron casi instantáneamente un ochenta y un ciento. Iba a contestar nuevamente, cuando sentí una palmadita en el hombro, y volviendo la cabeza vi a mi amigo Ricardo S..., que después de saludarme muy bajito, me dijo también muy bajo:
--j Sabe usted que llama mi atención y me di mala espina ver siempre las mismas caras en todos los remates de muebles? Hace una temporada que asisto a unos cuantos, pues ya sabe vd. que deseo renovar mi mueblaje, lo que no he podido conseguir hasta ahora; y en todos he observado, que hay individuos que no faltan nunca.
--Es posible —observe yo— cosa mas rara!
—Parece que no entienden uds. de la misa la media —dijo un señor, metiéndose en la conversación, de la cual se había enterado, a pesar del bajo tono de voz, y que yo juzgue seria porteño y no de los aludidos por mi amigo, fundándome en el hecho de no haber podido tenerse en el cuerpo la observación, que nuestra ignorancia le sugirió--. Esos individuos que ud. dice, son mueblistas o tenderos de viejo, que compraran aquí y en todas partes lo que se presente, siempre que sea a un precio razonable, porque después le pasaran una mano y venderán como nuevo. De la misma manera en los remates de comestibles, de zapatos, de ropas, verán uds. zapateros, almaceneros, tenderos. Lo que es hoy ya no hay gangas en los remates.
En esto me acorde que una de las cosas que mas me urgían era un juego de sala y volví a fijar mi atención en el rematador. Oh desgracia! Ya llegaban las ofertas a doscientos cincuenta nacionales y yo no podía gastar mas de doscientos.
—250!..., 250!... —gritaba—, 250! a la una, 250! a las dos. No hay quien de mas? Pero, fíjense uds. en la clase, señores, es regalado... 250! Que lo .doy!... que lo quemo!..., que lo tiro!... Pero estar uds. constipados? han quedado
mudos? hay quien de mas?... 250 a las tres!
Un golpe en la pared o en cualquier ángulo de un mueble con el mágico martillo, para demostrar que el milagro consumatum est, y en seguida: «al señor de T... un juego de sala, 250.»
Y si el señor de T... no es un conocido del rematador, entregar en prueba de su buena fle y de que tiene todos los mejores deseos de cargar con el mochuelo que se le ha endosamos nacionales de garantía.
Quizás el lector presumirá desde luego, sin que yo de
alguna, porque no debo ni puedo relatar aquí detalladamente todo lo que dijo el rematador aquella tarde, que la operación se repitió en todos los objetos, ensalzados,
transformados, avalorados mas de la cuenta por aquel, en rimbombantes, de gran efecto, con chistes, con citas unas, con osadía, con un despliegue atrevidísimo de conocimientos en la clase y merito de cada cosa; se figurará lector que nuestro protagonista se revelo allí un enciclopedista envidiable en artes, en industrias, en ciencias; no quitara que dijera de unos cuadros, que nunca los hicieron mejores Rafael, ni Murillo, ni Rubens; y de unas pequeñas estatuas, que las admirarían Fidias, Miguel Angel y Canova; pero lo que no se explicara., ni podrá fácilmente figurarse el lector es que el autor, el mismísimo Latino, se quedara con unos armarios, sin reparar que no cabían en toda su casa, con una cama que no necesitaba, con una pesadísima mesa que luego se rompió en el traslado, con un juego de te que luego resulto ser incompleto y con otras muchas cosas, que le hacían maldita la falta. Pero así fue; y no hay que extrañarlo, porque estaba tan desanimada la gente, según el rematador, se vendía todo tan barato, era todo tan bueno, de tal merito, tan superior que hubiera sido indisculpable falta e imperdonable descuido no aprovechar de aquella oportunidad para Llenarse la casa de cosas buenas con poco dinero.
Ufano y satisfecho de mis compras líbame hacia mi casa al caer de aquella tarde tan provechosamente empleada, no sin haber antes cancelado con buenos billetes el valor total de mis adquisiciones, y encargado a dos peones me las trajeran al siguiente día, cuando la maldita casualidad quiso hacerme tropezar con la tienda de un hojalatero, en cuyo escaparate se veía un juego de Te igual al que acababa de comprar, pero completo ya se supone, y con su precio marcado de diez y seis nacionales. El del remate habiame costado veinte y cinco. Dime a todos los demonios, y jure no volver perder tiempo en rematas en la persuasión de que los rematadores son el diablo en persona, y poseen algún talismán por el cual vuelven lo blanco negro y hacen comprar al que no necesita o no quiere gastar; pero volví a los pocos días a ver rematar terrenos y casas en obsequio al lector, a quien había de informar minuciosamente de todo esto; y si allí no hice compras, porque las escasas reservas de mis débiles bolsillos no me permitían aspirar ni a la mas insignificante casucha, aun que eran todas baratísimas y poco menos que regaladas, creí sinceramente mas de una vez (mientras hablaba el rematador), que estaban hechas con cal, ladrillos y materiales de lo mejor, casas que, a no ser por las explicaciones yo hubiera tomado por montones de barro, y me persuadí con toda persuasión y evidencia que Almagro, y las calles de Pavón, Brasil, Caseros, Chavango, Mansilla, Soler y otras congéneres, son las mejores y mas céntricas y de mayor porvenir en la ciudad, y que efectivamente cada terreno o cada casa que se vendía era una ganga, una especulación ventajosa, un medio seguro de hacerse ricos, de doblar el capital en cuatro días, una prueba palpable; en fin, de que todavía hay tontos en el mundo, todavía hay gente sencilla, inocente, desinteresada, como los propietarios y los rematadores.
Y para completar mis estudios y conocimientos en materia de remates, y confirmar las observaciones que dejo expuestas, he acudido también a los remates judiciales que menudean ahora, sin duda, como aliciente para convencer a los incrédulos, a los de alhajas, de bebidas, de comestibles, de libros, de ropas, de mercaderías, en fin, porque de todo se remata en Buenos Aires casi todos los días; y allí he visto desplegar la misma habilidad, la misma verbosidad, hacer gala del mismo ingenio de la misma desenvoltura, del Bonaire, de las mismas dotes, que desplegaron otros en casas, terrenos y muebles. Y todo lo despachan, y todo lo venden, sea bueno o malo, sea provechoso o malo, provechoso o inútil, prestando, a pesar de las pingues ganancias que se proporcionan a si mismos, inmensos servicios a los que necesitan deshacerse pronto y provechosamente de alguna cosa.
Lector, si alguna tarde no sabes que hacer, si estas de humor, si necesitas distraerte, vete a presenciar con los bolsillos vacíos, si no tienes deseos de comprar, cualquier remate.
Tiembla la pluma en la mano del escritor al ir á trazar imperfectas líneas el bosquejo de unos de los caracteres más extraños y al mismo tiempo más interesante de la sociedad bonaerense. A la elegancia del estilo y pureza del lenguaje quisiera reunir buen caudal de observación, una erudición vasta, una imaginación fecunda, un gracejo oportuno y de buena ley, todas las ciudades, en fin, que acumulan en diferentes dosis los grandes escritores de novelas , cuadros y de costumbres , para retratar, cual se merece, este modernismo tipo, sud-americano y porteño por excelencia, desconocido allende de los mares y en otros países de sud-america, y no muy bien caracterizado en el pueblo emprendedor por excelencia, en los estados unidos.
Aquí poco falta llegue á adquirir la importancia de una institución, lo que en Europa no puede merecer los honores de oficio. Allá ser rematador, subastador, es ser un cualquiera, y aún puede decirse que no existe tal profesión como manera de vivir. Solo hay remates cuando los prescriben órdenes judiciales ó gubernativas, y no todos, ni aún aquellos á quienes por obligación corresponde, se prestan con mucho gusto á ser rematadores, pues considerase deprimente presentarse en publico á vociferar y hacer gestos como un obececado. Aquí personas distinguidísima no desdeñan dedicarse á tan ingrata como entretenida tarea, que no solo les proporciona pingues ganancias, sinó también relaciones en gran número, y alguna vez influencias. Bien es verdad que los remates, como ya he dicho, son rarísimos en Europa, aún en los grandes centros comerciales. En cambio están en todo su apogeo las liquidaciones perdurables ó que no acaban nunca, y que pueden compararse á los remates semanales que aquí se celebran. Cuestión de costumbre. Sea como quiera, ello no es menos cierto que ni en Europa, ni en los Estados Unidos, ni creo que en los demás países sud-americanos, ni tampoco en las demás poblaciones de la República, los rematadores han sabido imprimir á su oficio ese carácter atrayente, simpático, especial, originalísimo, ejercerlo con desenvoltura, con gracia, con chispa, darle esa importancia, ese tono, ese aliciente, que le han sabido dar los rematadotes porteños.
¿Nó sabe Ud—decíame un día uno de esos funcionarios literatos que el gobierno italiano ha dado en enviar con misiones especiales á este país, y que temo para mí han de traer más tarde algún disgusto--, no sabe ud lo que más me ha llamado la atención en Buenos Aires?
--Es difícil adivinar…
--Pues son los rematadores. Amigo, si hubiera de vivir de renta en esta ciudad me pasaría la vida yendo de un remate á otro. Bien es verdad que es peligroso, porque tal arte tienen, que le hacen comprar á uno lo que no quiere, ni necesita. ¡Qué ocurrencias, de chistes, de rarezas, de extravagancias, de exageraciones, dichas casi siempre con donaire, con oportunidad! ¡ Cómo saben esos diablos realzarse, darse importancia, hasta ennoblecerse en el ejercicio de una profesión que pareciera tan vulgar, tan insignificante!
No necesitaba yó, en verdad, de las excitaciones del amigo italiano para emprenderla con los rematadores, sabiendo el brillante papel que desempeñan en esta Sociedad, y cuanto se habla de ellos de sus hazañas. Grandes deseos tuve de coloarlos á la cabeza de estos mal pintados cuadros; y si no o hice fue por no tener bastante confianza en mis fuerzas, por creer que solo la pluma de un Hurtado, un Cervantes, un Larra, Mesonero Romanos, un Pereda, un Galdós, un Tenier, un Zola, un Dikens, será capaz de reproducir con propiedad los rasgos, los caracteres, los varios aspectos que presentan tan singulares tipos. Pero como no era posible pasarlos por alto, tratándose de costumbre bonaerenses, hube, por fin , de hacer un día de tripas corazón y poner mano a la obra.
Para retardar en lo posible la entrada en materia, hice como el cazador, que da rodeos con el objetos de prepararse mejor el terreno a donde luchar con la fiera que persigue, como el ejercito que bate el campo, y toma posiciones y se extiende en guerrillas para retardar el choque con el enemigo, es decir empecé a ojear la tercera y cuarta plana de los principales diarios, en los que hay sendas columnas reservadas a las producciones filosófico-literarias de nuestros protagonistas , que en ellas dejan entrever y presumir, aunque pálidamente, las habilidades y las maravillas que desplegaran en el momento crítico, en la hora del remate.
Allí, sin embargo, en ese campo inagotable de letras grandes y letras menudas vistosamente dispuestas, tendremos una idea de lo que retrata , de la misma que el perro – para seguir las anteriores comparaciones—anuncia la presencia del cazador, y el ruido de las cornetas y el resplandor de los uniformes y de las armas anuncian la proximidad del ejercito.
¿Sois capitalistas? ¿ Tenéis algunos miles de nacionales de sobra y deseáis emplearlos en la adquisición de una casa, que dé buena renta, cosa infalible en estos tiempos, ó en la compra de algún terreno para edificárosla de la manera que más os plazca? Allí hallareis para todos los gustos, de todos los tamaños, y en todos los puntos de la ciudad y de las afueras. Oíd un momento. Entresacaremos de acá y de acullá unas cuantas palabras, cuidando sobre que no se nos caigan de la boca los adjetivos y superlativos. Habla el rematador, los avisos por el:
—Remate esplendido —colosal —casa para familia — lindisima, elegantísima —magnifica —soberbia, sólida, moderna, bien situada —lujosa, vasta, bonita —paraje central, base ínfima, vale muchísimo mas —vale el doble, casi regalada —ojo a la base —barrio de grande y asombroso porvenir —lugar pobladísimo, comercial donde se edifica extraordinariamente —a donde nadie vende —imposible encontrar nada mejor —es una ganga —en el riñón de la capital —es un edén —venta a todo precio —sin base —por lo que den —al mejor postor —es terminante y obligatoria —es preciso verla ---;Personas de calculo, atención! ; Alerta especuladores! Alerta pichincheros! ¡Alerta, alerta!!
¿Quién se resiste a comprar casas que reúnan todas 6 algunas solamente de las expresadas condiciones? ¿Quien no quiere emplear bien su dinero, hacerse rico en un dos por tres, aprovechar la oportunidad de haber tontos que regalan sus propiedades? Como dejarse escapar la veleidosa Fortuna, que se pone al alcance de la mano? Estáis ciegos? os empeñáis en no ver? Ojo a la base que es regalada, aunque ella pase de cien mil nacionales.
Así, por este estilo, si me propusiese remedar el tono y el buen humor de los avisos podría continuar hasta el juicio final.
Los miles de duros se convierten en despreciables centavos para nuestros rumbosos rematadores; y mas de una vez tetándose de una pequeña casita o de una finca hipotecada por una gran suma, con cuya hipoteca pueda cargar el comprador, os quedareis admirados lo que, como yo, no sepáis por quienes se han hecho los miles, viendo escrito en letras de molde que dos o tres mil nacionales son una miseria, no valen nada, casi no constituyen desembolso alguno. Bien es verdad que tampoco sabemos, como ellos, arbitrar los medios de ganar en un solo día lo que nos cuesta años y años de incesantes sudores. Todo lo cual, sin embargo, es coca baladí, y apenas si merece tomarse en cuenta, en comparación de las transformaciones que llevan a cabo, con la mayor frescura, como si tuvieran algún poder sobrenatural, en la situación, condición y cualidad de las calles de la ciudad, hablándonos de bulevares que ellos solos conocen, o sea concediendo los honores de grandes y espaciosos bulevares a calles humildísimas, y haciéndonos creer que la plaza Once de Septiembre, la de Constitución y otros puntos situados a cuatro y cinco kilómetros de la plaza Victoria son los mas céntricos de la ciudad. En medio de estas exageraciones y anacronismos suelen estampar a veces inocentemente, y sin quererlo sin duda, verdades tan grandes como amargas, capaces de avergonzar y hacer cavilar al Intendente mas despreocupado, si los Intendentes de Buenos Aires se preocupasen por cosas tan pequeñas. Cuando se lee, por ejemplo, que tal calle va a empedrarse muy pronto, pudiera creerse que el rematador se ha equivocado, o que se trata de una calle de cualquiera de los pueblos que rodean a la ciudad, y casi, casi entran ganas de escarmentar de algún modo al denigrador; pero luego se cae en la cuenta que, en efecto, se trata de una, de varias, de muchas calles de la capital, no todas apartadas del centro, y entonces casi, casi se darían las gracias al hombre compasivo y patriótico, que se ha limitado a citar el empedrado, cuando podría haber añadido que pronto habrá también limpieza y alumbrado y otras muchas cosas necesarias que hoy no tienen.
Allí en ese campo inmenso de las producciones rematisticas, permítaseme también inventar algo, especie de puesto avanzado, a donde apenas asoman las guerrillas, que preceden al empuje irresistible del próximo ataque, se permiten también algunos entretenernos con historietas patéticas, dándonos conocer al pobrecito, al infeliz, al inocente que en obsequio nuestro se ha decidido a desprenderse de su hacienda, explicándonos lo que ha sido, lo que es y lo que será, dándonos de paso una multitud de Útiles enseñanzas y consejos, indicándolos lo que debemos hacer, según los tiempos que corren, lo que nos conviene, que es comprar la casa, sea pequeña grande, bien o mal construida, nueva o ruinosa de puro vieja, barata o cara, próxima o apartada; y así hemos de creerlo, y así ha de ser, porque es un edén, es como para novios, parece hecha para nosotros, es una monada, es, en fin todo lo que se quiere, puesto que con mil cosas hermosas se la compara.
Y todo, o mas de lo que se ha dicho por las casas, dígase por los terrenos, que los encontraremos magníficos, hermosos, altísimos, y de balde, por lo que den, en barrios de inmenso porvenir, en garages muy céntricos allá cerca de los Corrales o de Palermo. Y si necesitamos buenos animales vacunos, lanares, caballares, o de otra clase, sabremos a donde encontrarlos excelentes, y tendremos noticias detalladas de su edad, de su parentesco, del lugar de su nacimiento, de sus pelos y señales y hasta de la sangre que corre por sus venas. Ya quisieran mas de una vez muchos individuos poder saber de su origen y de su vida la mitad siquiera de las noticias que se tienen de esos animales, y algo daríamos y darían los jueces y las autoridades en muchas ocasiones si se pudiese justificar tan minuciosamente la existencia de muchas personas, como se justifica y se detalla en los avisos la de muchos animales.
Si por fin no somos capitalistas que podamos soñar en casas ni quintas, ni aspirantes a propietarios que nos atrevamos con un pedazo de terreno que algún día pudiera cubrirse con un edificio cualquiera; si somos como es seguro, unos pobretones, no dejaremos de necesitar muebles para llenar las habitaciones de las casas ajenas en que vivimos, y mercaderías para satisfacer las necesidades del cuerpo: pues de unos y otras sabremos a donde encontrar de la mejor cualidad.
Suficientemente recorrido y examinado el campo de los anuncios, que apenas dan pálida idea de las habilidades de nuestros héroes, tomada oportuna nota de lo que mas nos conviene, urge vayamos sin retardo, si hemos de concluir alguna vez, y queremos coger la sartén por el mango y recibir un abrazo de la Fortuna, a ver como cumplen sus ofrecimientos, los que ya podemos llamar nuestros conocidos y amigos, a estudiarlos, admirarlos en su verdadero terreno, pues solo en el ejercicio de sus funciones es donde se revisten de toda su importancia y majestad, despliegan todas sus dotes, revelan todos los caracteres que les son peculiares, manifiestan su asombrosa vitalidad, las múltiples fases de su complicado y privilegiado organismo.
Mientras llegamos al lugar y a la hora critica, digamos quienes son y de que clase social salen los rematadores.
Prescindiendo de los remates, podría decirse que propiamente los rematadores corresponden a los agentes de negocios de otros países; con lo cual dicho se esta que es gente de comercio dispuesta a enriquecerse lo mas pronto posible, procurándose pingues ganancias, aunque siempre con medios lícitos. Sin embargo, dando muestras de un positivismo y de un sentido practico que no puede sino elogiarse, se ha visto generales, a periodistas, a diputados, a personas de bastante ilustración y que habían ocupado elevadísimos puestos decidirse, en momentos de apuros financieros, a desempeñar este oficio, y aparecer de la noche a la mañana en publico a hacer gala de donaire, buen humor e imaginación en la venta de propiedades, muebles y mercaderías. Cada día, sin embargo, va tomando el oficio un carácter mas comercial, y hoy se dedican a los remates casi exclusivamente los que, después de haber recibido la indispensable instrucción, la han emprendido con los negocios, amen de alguno que otro aventurero de esos que corren la zeta y la meta, que tienen malas asentaderas, y que por probar de todo o aburridos ya de todo, se resuelven también a ser rematadores.
Pero ya llegamos. Una enorme bandera nos indica el punto final de nuestra excursión. Aunque son las doce y media en vez de las doce que señalaba el aviso, nos sobrara tiempo para examinar a nuestro placer todos los objetos expuestos y que han de rematarse (porque hemos venido a un remate de muebles), filosofar sobre ellos, dejar correr nuestra imaginación impresionable, si desconocemos, coma es de suponer, los que han sido sus poseedores, forjar a cada mueble una historia llena de poesía y de romanticismo, pensar en la fragilidad de las cosas humanas, recorrer una y otra vez las dependencias de la casa, y establecer por ultimo lo que nos convenga comprar, o resolvernos a quedar como simples espectadores, para pasar el tiempo, si nada nos conviene. Ya empezara a causarnos alguna inquietud y alguna duda, ver que los riquísimos y elegantísimos y flamantes muebles, que el aviso ensalzaba, son harto viejos y roídos para no tener un cuarto de siglo a lo menos, de existencia; pero esa. duda y esa inquietud se desvanecerán tan luego coma el rematador se presenté en la escena, que será a la una y media, que no es en estos tiempos de buen tono acudir con puntualidad a ninguna parte, ni aun a sacar el dinero del bolsillo del prójimo.
Miradle, allí viene. Viste con elegancia, marcha con desenvoltura, estrecha la mano a este, la levanta en alto para saludar al otro, mira, olfatea, habla desde que entra, y parece conocer a todo el mundo, menos a nosotros, aunque bueno será no le miremos mucho, porque le llamaremos la atención y nos saludara coma antiguos camaradas, y hasta nos tiara la mano, preguntándonos como estamos. Toma disposiciones, da, breves y terminantes Ordenes a su escribiente, recorre rápidamente la casa, sin dejar de hablar un momento. /Señores, vamos a dar principio. A la sala, señores!!!
Que es esto? Estamos en una casa en un teatro? De donde ha salido esa voz, que nos ha ensordecido, que ha hecho temblar las habitaciones, que ha hecho detener la gente en la calle?
Es la suya. Los caballeros acuden, le rodean, le siguen, se apiñan, se mueven a impulso de sus movimientos, forman corro, se detienen, le obedecen como mansos corderos, le miran con aire de admiración y de envidia, penden suspensos de sus labios y de sus ademanes, como los espectadores en las escenas finales de los dramas de Echegaray. El momento es solemne. Sube nuestro campeón sobre una silla, pasea su mirada sobre la concurrencia, enjugase el sudor, si es en verano empuña, sacándolo de un bolsillo, un pequeño martillo, que es para el la varilla mágica, con cuyo auxilio realiza diariamente el milagro de vender lo invendible a precios fabulosos, y exclama:
—La venta, señores, es al contado y a la mejor oferta. Tengan la bondad de no hacerme perder tiempo. Hay mucho que vender y todo ha de salir hoy. Ofrezcan pronto, cualquier cosa, y silencio, que ya no estamos para conversaciones. Empezemos por este riquísimo juego de sala Luís Felipe, forrado en damasco, importado hace un año de Alemania, sin uso, nuevo, clase superior: ;Cuanto ofrecen por este hermosísimo juego compuesto de un sofá, dos sillones y seis sillas, con sus magnificas fundas?
—Sesenta nacionales —dijo, por decir algo o por inocencia, uno de los presentes.
—Sesenta nacionales ofrecen por un juego de sala, que vale mas de seiscientos —grito el rematador—. No importa, por algo se empieza.
Iba yo a darle una lección al osado vecino, mejorando en diez nacionales la oferta, pero al abrir la boca para formular un setenta, otros tres o cuatro pronunciaron casi instantáneamente un ochenta y un ciento. Iba a contestar nuevamente, cuando sentí una palmadita en el hombro, y volviendo la cabeza vi a mi amigo Ricardo S..., que después de saludarme muy bajito, me dijo también muy bajo:
--j Sabe usted que llama mi atención y me di mala espina ver siempre las mismas caras en todos los remates de muebles? Hace una temporada que asisto a unos cuantos, pues ya sabe vd. que deseo renovar mi mueblaje, lo que no he podido conseguir hasta ahora; y en todos he observado, que hay individuos que no faltan nunca.
--Es posible —observe yo— cosa mas rara!
—Parece que no entienden uds. de la misa la media —dijo un señor, metiéndose en la conversación, de la cual se había enterado, a pesar del bajo tono de voz, y que yo juzgue seria porteño y no de los aludidos por mi amigo, fundándome en el hecho de no haber podido tenerse en el cuerpo la observación, que nuestra ignorancia le sugirió--. Esos individuos que ud. dice, son mueblistas o tenderos de viejo, que compraran aquí y en todas partes lo que se presente, siempre que sea a un precio razonable, porque después le pasaran una mano y venderán como nuevo. De la misma manera en los remates de comestibles, de zapatos, de ropas, verán uds. zapateros, almaceneros, tenderos. Lo que es hoy ya no hay gangas en los remates.
En esto me acorde que una de las cosas que mas me urgían era un juego de sala y volví a fijar mi atención en el rematador. Oh desgracia! Ya llegaban las ofertas a doscientos cincuenta nacionales y yo no podía gastar mas de doscientos.
—250!..., 250!... —gritaba—, 250! a la una, 250! a las dos. No hay quien de mas? Pero, fíjense uds. en la clase, señores, es regalado... 250! Que lo .doy!... que lo quemo!..., que lo tiro!... Pero estar uds. constipados? han quedado
mudos? hay quien de mas?... 250 a las tres!
Un golpe en la pared o en cualquier ángulo de un mueble con el mágico martillo, para demostrar que el milagro consumatum est, y en seguida: «al señor de T... un juego de sala, 250.»
Y si el señor de T... no es un conocido del rematador, entregar en prueba de su buena fle y de que tiene todos los mejores deseos de cargar con el mochuelo que se le ha endosamos nacionales de garantía.
Quizás el lector presumirá desde luego, sin que yo de
alguna, porque no debo ni puedo relatar aquí detalladamente todo lo que dijo el rematador aquella tarde, que la operación se repitió en todos los objetos, ensalzados,
transformados, avalorados mas de la cuenta por aquel, en rimbombantes, de gran efecto, con chistes, con citas unas, con osadía, con un despliegue atrevidísimo de conocimientos en la clase y merito de cada cosa; se figurará lector que nuestro protagonista se revelo allí un enciclopedista envidiable en artes, en industrias, en ciencias; no quitara que dijera de unos cuadros, que nunca los hicieron mejores Rafael, ni Murillo, ni Rubens; y de unas pequeñas estatuas, que las admirarían Fidias, Miguel Angel y Canova; pero lo que no se explicara., ni podrá fácilmente figurarse el lector es que el autor, el mismísimo Latino, se quedara con unos armarios, sin reparar que no cabían en toda su casa, con una cama que no necesitaba, con una pesadísima mesa que luego se rompió en el traslado, con un juego de te que luego resulto ser incompleto y con otras muchas cosas, que le hacían maldita la falta. Pero así fue; y no hay que extrañarlo, porque estaba tan desanimada la gente, según el rematador, se vendía todo tan barato, era todo tan bueno, de tal merito, tan superior que hubiera sido indisculpable falta e imperdonable descuido no aprovechar de aquella oportunidad para Llenarse la casa de cosas buenas con poco dinero.
Ufano y satisfecho de mis compras líbame hacia mi casa al caer de aquella tarde tan provechosamente empleada, no sin haber antes cancelado con buenos billetes el valor total de mis adquisiciones, y encargado a dos peones me las trajeran al siguiente día, cuando la maldita casualidad quiso hacerme tropezar con la tienda de un hojalatero, en cuyo escaparate se veía un juego de Te igual al que acababa de comprar, pero completo ya se supone, y con su precio marcado de diez y seis nacionales. El del remate habiame costado veinte y cinco. Dime a todos los demonios, y jure no volver perder tiempo en rematas en la persuasión de que los rematadores son el diablo en persona, y poseen algún talismán por el cual vuelven lo blanco negro y hacen comprar al que no necesita o no quiere gastar; pero volví a los pocos días a ver rematar terrenos y casas en obsequio al lector, a quien había de informar minuciosamente de todo esto; y si allí no hice compras, porque las escasas reservas de mis débiles bolsillos no me permitían aspirar ni a la mas insignificante casucha, aun que eran todas baratísimas y poco menos que regaladas, creí sinceramente mas de una vez (mientras hablaba el rematador), que estaban hechas con cal, ladrillos y materiales de lo mejor, casas que, a no ser por las explicaciones yo hubiera tomado por montones de barro, y me persuadí con toda persuasión y evidencia que Almagro, y las calles de Pavón, Brasil, Caseros, Chavango, Mansilla, Soler y otras congéneres, son las mejores y mas céntricas y de mayor porvenir en la ciudad, y que efectivamente cada terreno o cada casa que se vendía era una ganga, una especulación ventajosa, un medio seguro de hacerse ricos, de doblar el capital en cuatro días, una prueba palpable; en fin, de que todavía hay tontos en el mundo, todavía hay gente sencilla, inocente, desinteresada, como los propietarios y los rematadores.
Y para completar mis estudios y conocimientos en materia de remates, y confirmar las observaciones que dejo expuestas, he acudido también a los remates judiciales que menudean ahora, sin duda, como aliciente para convencer a los incrédulos, a los de alhajas, de bebidas, de comestibles, de libros, de ropas, de mercaderías, en fin, porque de todo se remata en Buenos Aires casi todos los días; y allí he visto desplegar la misma habilidad, la misma verbosidad, hacer gala del mismo ingenio de la misma desenvoltura, del Bonaire, de las mismas dotes, que desplegaron otros en casas, terrenos y muebles. Y todo lo despachan, y todo lo venden, sea bueno o malo, sea provechoso o malo, provechoso o inútil, prestando, a pesar de las pingues ganancias que se proporcionan a si mismos, inmensos servicios a los que necesitan deshacerse pronto y provechosamente de alguna cosa.
Lector, si alguna tarde no sabes que hacer, si estas de humor, si necesitas distraerte, vete a presenciar con los bolsillos vacíos, si no tienes deseos de comprar, cualquier remate.
miércoles, 16 de diciembre de 2015
Las mismas condiciones de competencia By Giovanni Pizzi
Las mismas condiciones de competencia By Giovanni Pizzi
La necesidad de garantizar las mismas condiciones de competencia para las industrias que utilizan productos comunitarios y las que utilizan productos de terceros países en régimen de perfeccionamiento activo;
En consecuencia, la solución se deberá buscar en la imposición de las reformas y normas internacionales necesarias que garanticen las mismas condiciones de competencia a todos los participantes del comercio marítimo, que, por definición y por esencia, es internacional.
La Europa ultraliberal ha optado por hacer un regalo aduanero de cerca de 2000 millones de euros a las multinacionales Chiquita, Del Monte y otras, en vez de hacerlo a los países ACP, que han de afrontar las mismas condiciones de competencia que esas multinacionales.
la necesidad de garantizar las mismas condiciones de competencia para las industrias que utilizan productos de la Unión y las que utilizan productos de terceros países en régimen de perfeccionamiento activo;
Resulta ingenuo exigir las mismas condiciones de competencia para el comercio con China que con otros países.
El Parlamento tiene que insistir en que se creen las mismas condiciones de competencia para todos los transportes.
Hay que recordar, además, que el producto importado se consideró similar a las bolsas y bolsitas de plástico fabricadas en la Comunidad y como tal está sometido a las mismas condiciones de competencia.
La directiva prevista garantizará que las empresas de reaseguros operen en las mismas condiciones de competencia en toda la UE, mientras que al mismo tiempo no impedirá que las empresas de seguro directo asuman los riesgos del reaseguro.
¿Qué esfuerzos realiza la Comisión para crear en el conjunto de la Unión las mismas condiciones de competencia para los agricultores?
Esto es lo decisivo además para la protección de las personas, del medio ambiente y también -creo que el colega danés es de la mi opiniónpara que existan las mismas condiciones de competencia en todas las partes de la Comunidad.
Una parte interesada alegó que las importaciones procedentes de Rusia no debían acumularse con las de la República Popular China a efectos de la evaluación del perjuicio, ya que supuestamente estas importaciones no estaban sujetas a las mismas condiciones de competencia en el mercado comunitario.
Esto es especialmente válido al debatir las normas que deben garantizar las mismas condiciones de competencia en el ámbito de la aviación para los Estados miembros de la UE y también para los operadores rusos y chinos.
El hecho de que el exportador brasileño hubiera establecido largas relaciones comerciales en años anteriores no excluye en sí que esos productos se hallen en las mismas condiciones de competencia que productos de competidores que hayan penetrado recientemente en un mercado.
Las mismas condiciones sobre la competencia de las empresas y el cumplimiento de las normas acordadas también deben garantizarse en terceros mercados.
Personalmente los considero necesarios durante un período transitorio hasta que se establezcan las mismas oportunidades y condiciones de competencia para todos los modos de transporte y hasta que se establezca en la vida cotidiana el transporte intermodal.
La nota 20 de las Directrices indica que el mercado geográfico de referencia generalmente comprende el EEE o, alternativamente, cualquier parte significativa del mismo si las condiciones de competencia en dicha parte pueden distinguirse suficientemente de las existentes en otras partes del EEE.
Las diferencias entre las legislaciones nacionales sobre los productos alimenticios destinados a una alimentación especial obstaculizan la libre circulación de los mismos, crean condiciones de competencia desiguales e inciden por ello directamente en el funcionamiento del mercado interior.
Las ayudas agrícolas reestablecerían de algún modo unas condiciones de competencia justa con los agricultores de los terceros países, que no están sujetos a las mismas condiciones de producción.
El hecho de que las importaciones se hayan realizado en condiciones de competencia leal y de que los precios se hayan fijado en las mismas condiciones no excluye la aplicación de medidas de salvaguardia.
La Fe como un rasgo de carácter By Erich Fromm
´´Creer consiste en aceptar las afirmaciones del alma; la incredulidad en negarlas´´
Emerson
La FE se asocia comúnmente con Dios y con las doctrinas religiosas, en contraposición al pensamiento racional y científico. Se considera que este último se refiere al campo de los hechos, distinto de un reino que trasciende a los hechos y en el cual no hay lugar para el pensamiento científico y donde rige únicamente la fe. Para muchos individuos, esta división resulta insostenible. Si la fe no puede ser reconciliada con el pensamiento racional, debe ser eliminada como un remanente anacrónico de pasados períodos de cultura debe ser reemplazada por la ciencia, que se ocupa de hechos y teorías que son inteligibles y pueden ser valorizados.
La actitud moderna hacia la fe fué alcanzada después de después de una prolongada lucha contra la autoridad de la Iglesia y las pretensiones de ésta por controlar toda clase de pensamiento. El escepticismo con respecto a la fe está vinculado al avance mismo de la razón. Este aspecto constructivo del escepticismo moderno tiene , sin embargo, un aspecto inverso que no ha sido suficientemente considerado.
El conocimiento de la estructura caracterológica del hombre moderno y de la escena social contemporánea conducen a la convicción de que la carencia de fe, tan generalizada , no posee ya el aspecto progresista que tuvo en pasadas generaciones. En aquel entonces la lucha contra la fe fue una lucha por la emancipación del espíritu; fué una lucha contra la creencia irracional; la expresión de la fe en la razón del hombre y en su capacidad para establecer un orden social regido por los principios de la libertad , de la igualdad y de la hermandad entre los hombres. La carencia de fe constituye hoy día,la expresión de un estado de profunda confusión y desesperación. El escepticismo y el racionalismo fueron en otro tiempo las fuerzas progresistas que impulsaron el desarrollo del pensamiento, en tanto que ahora son racionalizaciones del relativismo y la incertidumbre. La creencia de que la acumulación de un número constantemente creciente de hechos tendría inevitablemente por resultado el conocimiento de la verdad, ha llegado a ser una superstición. La verdad misma es considerada-en ciertos círculos- como un concepto metafísico y la ciencia se considera restringida a acumular datos.
Tras la fachada de una supuesta certidumbre racional existe una profunda incertidumbre que predispone a los individuos a aceptar o transigir con cualquier filosofía que les sea inculcada.
¿Puede el hombre vivir sin fe? ¿Es que ,acaso, la criatura no debe tener ´´fe en el pecho de su madre´´? ¿Es que, acaso, no debemos tener fe en nuestros semejantes, en aquellos que amamos y en nosotros mismos? ¿ Podemos vivir sin fe en la validez de ciertas normas de nuestra vida? En verdad,sin fe el hombre se vuelve estéril, desesperado y medroso hasta lo más profundo de su ser.
¿Fue entonces en vano la lucha contra la fe e ineficaces los frutos de la razón? ¿Debemos volver a la religión o resignarnos a vivir sin fe? ¿Es la fe necesariamente mera condición para creer en Dios y en doctrinas religiosas? ¿Está tan íntimamente enlazada con la religión como para tener que compartir su destino? ¿ Está la fe necesariamente separada de , o en contraste con, el pensamiento racional? Intentaré demostrar que estas preguntas pueden ser contestadas si consideramos a la fe como una actitud básica de la persona, un rasgo del carácter que matiza todas las experiencias del individuo, que capacita al hombre para enfrentarse con la realidad sin ilusiones y, no obstante, para vivir con fe.
Es difícil pensar en la fe concibiéndola primariamente no como la fe en algo, sino como una actitud interior cuyo objeto específico es de importancia secundaria.
Por ello , será de utilidad recordar que término ´´fe´´, tal como es empleado en el Antiguo Testamento ´Emunha´´, significa ´´firmeza´´ e implica, por consiguiente, cierta cualidad de la experiencia humana, más bien un rasgo de carácter que el contenido de una creencia en algo.
El lobo estepario By Herman Hesse
Subrayando a Hermann Hesse - El lobo estepario
* Toda especie tiene sus caracteres, sus sellos, cada una tiene sus virtudes y sus vicios, cada una, su pecado mortal. A los caracteres del lobo estepario pertenecía el que era un hombre nocturno. La mañana era para él una mala parte del día, que le asustaba y que nunca le trajo nada agradable. Nunca estuvo verdaderamente contento en una mañana cualquiera de su vida, nunca hizo nada bueno en las horas antes del mediodía, nunca tuvo buenas ocurrencias ni pudo proporcionarse a sí mismo ni a los demás alegrías en esas horas. Sólo en el trascurso de la tarde se iba entonando y animando, y únicamente hacia la noche se mostraba, en sus buenos días, fecundo, activo y a veces fogoso y alegre. Nunca ha tenido hombre alguno una necesidad más profunda y apasionada de independencia que él. En su juventud, siendo todavía pobre y costándole trabajo ganarse el pan, prefería pasar hambre y andar con los vestidos rotos, si así se salvaba un poco de independencia. No se vendió nunca por dinero ni por comodidades , nunca a mujeres ni a poderosos ; más de cien veces tiró y apartó de si lo que a los ojos de todo el mundo constituía sus excelencias y ventajas, para conservar en cambio su libertad. Ninguna idea le era más odia y horrible que la de tener que ejercer un cargo, someterse a una distribución del tiempo, obedecer a otros. Una oficina, una chancillería, un negociado eran cosas para él tan execrables como la muerte, y lo más terrible que pudo vivir en sus sueños fue la reclusión en un cuartel. A todas estas situaciones supo sustraerse, a veces mediante grandes sacrificios. En esto estaba su fortaleza y su virtud, aquí era inflexible e incorruptible, aquí era su carácter firme y rectilíneo. Pero a esta virtud estaban íntimamente ligados su sufrimiento y su destino. Le sucedía lo les sucede a todos; lo que él, por un impulso muy intimo de su ser, buscó y anheló con la mayor obstinación, logro obtenerlo, pero en mayor medida de la que es conveniente a los hombres. En un principio fue su sueño y su ventura, después su amargo destino. El hombre poderoso en el poder sucumbe; el hombre del dinero, en el dinero; el servil y humilde, en el servicio; el que busca placer, en los placeres. Y así sucumbió el lobo estepario en su independencia. Alcanzo su objeto, fue cada vez mas independiente, nadie tenia nada que ordenarle, a nadie tenía que ajustar sus actos, sólo y libremente determinaba él a su antojo lo que había que de hacer y lo que había de dejar. Pues todo hombre fuerte alcanza indefectiblemente aquello que va buscando con verdadero ahínco. Pero en medio de la libertad lograda se dio bien pronto cuenta Harry de esa su independencia era una muerte, que estaba solo, que el mundo lo abandonaba de un modo siniestro, que los hombres no le importaban nada; es más, que él mismo a sí tampoco, que lentamente iba ahogándose en una atmósfera cada vez mas tenue de falta de trato y de aislamiento. Porque ya resultaba que la soledad y la independencia no eran su afán y su objetivo, eran su destino y su condenación, que su mágico deseo se había cumplido y ya no era posible retirarlo, que ya no servia de nada extender los brazos abiertos lleno de nostalgia y con el corazón henchido de buena voluntad, brindando solidaridad u unión; ahora lo dejaban solo. Y no es que fuera odioso y detestado y antipático a los demás. Al contrario, tenía muchos amigos. Muchos lo querían bien. Pero siempre era únicamente simpatía y amabilidad lo que encontraba; lo invitaban, le hacían regalos, le escribían bonitas cartas, pero nadie se le aproximaba espiritualmente, por ninguna parte surgía compenetración con nadie, y nadie estaba dispuesto ni era capaz de compartir su vida. Ahora lo envolvía del ambiente de soledad, una atmósfera de quietud, un apartamiento del mundo que lo rodeaba, una incapacidad de relación, contra la cual no podía nada ni la voluntad, ni el afán, ni la nostalgia. Este era uno de los caracteres más importantes de su vida.
Otro era que había que clasificarlo entre los suicidas. Aquí debe decirse que es erróneo llamar suicidas sólo a las personas que se asesinan realmente. Entre éstas hay, sin embargo, muchas que se hacen suicidas en cierto modo por casualidad y de cuya esencia no forma parte el suicidismo. Entre los hombres sin personalidad, sin sello marcado, sin fuerte destino, entre los hombres adocenados y de rebaño hay muchos que perecen por suicidio, sin pertenecer por eso en toda su característica al tipo de los suicidas, en tanto que, por otra parte, de aquellos que por su naturaleza deben contarse entre los suicidas, muchos, quizás la mayoría, no ponen nunca mano sobre sí en la realidad. El ``suicida´´ -y Harry era uno - no es absolutamente preciso que esté en una relación especialmente violenta con la muerte; esto puede darse también sin ser suicida.
Pero es peculiar del suicida sentir su yo, lo mismo da con razón que sin ella, como un germen especialmente peligroso, incierto y comprometido, que se considera siempre muy expuesto y en peligro, como si estuviera sobre el pico estrechísimo de una roca, donde un pequeño empuje externo o una ligera debilidad interior bastarían para
precipitarlo en el vacío. Esta clase de hombres se caracteriza en la trayectoria de su destino porque el suicidio es para ellos el modo más probable de morir, al menos según su propia idea. Este temperamento, que casi siempre se manifiesta ya en la primera juventud y no abandona a estos hombres durante toda su vida, no presupone de
ninguna manera una. fuerza vital especialmente debilitada; por el contrario, entre los «suicidas» se hallan naturalezas extraordinariamente duras, ambiciosas y hasta audaces. Pero así como hay naturalezas que a la menor indisposición propenden a la fiebre, así estas naturalezas, que llamamos «suicidas», y que son siempre muy delicadas y sensibles, propenden, a la más pequeña conmoción, a entregarse intensamente a la
idea del suicidio. Si tuviéramos una ciencia con el valor y la fuerza de responsabilidad para ocuparse del hombre y no solamente de los mecanismos de los fenómenos vitales, si tuviéramos algo como lo que debiera ser una antropología, algo así como una psicología, serían conocidas estas realidades de todo el mundo.
Lo que hemos dicho aquí acerca de los suicidas se refiere todo, naturalmente, a la superficie, es psicología, esto es, un pedazo de física. Metafísicamente considerada, la cuestión está de otro modo y mucho más clara, pues en este sentido los «suicidas» se nos ofrecen como los atacados del sentimiento de la individuación, como aquellas almas para las cuales ya no es fin de su vida sus propias perfección y evolución, sino su disolución, tornando a la madre, a Dios, al todo. De estas naturalezas hay muchísimas perfectamente incapaces de cometer jamás el suicidio real, porque han reconocido profundamente su pecado. Para nosotros, son, sin embargo, suicidas, pues ven la redención en la muerte, no en la vida; están dispuestos a eliminarse y entregarse, a extinguirse y volver al principio.Como toda fuerza puede también convertirse en una flaqueza (es más, en determinadas circunstancias se convierte necesariamente), así puede a la inversa el suicida típico hacer a menudo de su aparente debilidad una fuerza y un apoyo, lo hace en efecto con extraordinaria frecuencia. Entre estos casos cuenta también el de Harry, el lobo estepario. Como millares de su especie, de la idea de que en todo momento le estaba abierto el camino de la muerte no sólo se hacía una trama fantástica melancólico- infantil, sino que de la misma idea se forjaba un consuelo y un sostén. Ciertamente que en él, como en todos los individuos de su clase, toda conmoción, todo dolor, toda mala situación en la vida, despertaba al punto el deseo de sustraerse a ella por medio de la muerte. Pero poco a poco se creó de esta predisposición una filosofía útil para la vida. La familiaridad con la idea de que aquella salida extrema estaba constantemente abierta, le daba fuerza, lo hacía curioso para apurar los dolores y las situaciones desagradables, y cuando le iba muy mal, podía expresar su sentimiento con feroz alegría, con una especie de maligna alegría:
«Tengo gran curiosidad por ver cuánto es realmente capaz de aguantar un hombre.
En cuanto alcance el límite de lo soportable, no habrá más que abrir la puerta y ya estaré fuera.» Hay muchos suicidas que de esta idea logran extraer fuerzas extraordinarias. Por otra parte, a todos los suicidas les es familiar la lucha con la tentación del suicidio. Todos saben muy bien, en alguno de los rincones de su alma, que el suicidio es, en efecto, una salida, pero muy vergonzante e ilegal, que en el fondo, es más noble y más bello dejarse vencer y sucumbir por la vida misma que por la propia mano. Esta conciencia, esta mala conciencia, cuyo origen es el mismo que el de la mala conciencia de los llamados autosatisfechos, obliga a los suicidas a una lucha constante contra su tentación. Estos luchan, como lucha el cleptómano contra su vicio. También al lobo
estepario le era perfectamente conocida esta lucha; con toda clase de armas la había sostenido. Finalmente, llegó, a la edad de unos cuarenta y siete años, a una ocurrencia feliz y no exenta de humorismo, que le producía gran alegría. Fijó la fecha en que cumpliera cincuenta años como el día en el cual había de poder permitirse el suicidio. En dicho día, así lo convino consigo mismo, habría de estar en libertad de utilizar la salida para caso de apuro, o no utilizarla, según el cariz del tiempo. Aunque le pasase lo que quisiera, aunque se pusiera enfermo, perdiese su dinero, experimentara sufrimientos y amarguras, ¡todo estaba emplazado, todo podía a lo sumo durar estos pocos años, meses, días, cuyo número iba disminuyendo constantemente! Y, en efecto, soportaba
ahora con mucha más facilidad muchas incomodidades que antes lo martirizaban más y más tiempo, y acaso lo conmovían hasta los tuétanos. Cuando por cualquier motivo le iba particularmente mal, cuando a la desolación, al aislamiento y a la depravación de su vida se le agregaban además dolores o pérdidas especiales, entonces podía decirles a los dolores: «¡Esperad dos años no más y seré vuestro dueño!» Y luego se abismaba con cariño en la idea de que el día en que cumpliera los cincuenta años, llegarían por la mañana las cartas y las felicitaciones, mientras que él, seguro de su navaja de afeitar, se despedía de todos los dolores y cerraba la puerta tras sí. Entonces verían la gota en las articulaciones, la melancolía, el dolor de cabeza y el dolor de estómago dónde se quedaban.
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