lunes, 4 de septiembre de 2017

Para una sociología de las emergencias Por Boaventura de Sousa Santos





Publicado en Pagina 12 el 04/09/2017 


Los seres humanos viven dentro y fuera de la historia. Esto es lo que los distingue de los animales no humanos. Hacemos historia en la medida en que resistimos a lo que la historia hace de nosotros. Vivimos lo que ya fue vivido (el pasado nunca pasa o desaparece) y lo que aún no ha sido vivido (el futuro es vivido como anticipación de lo que en realidad nunca será vivido por nosotros). Entre el presente y el futuro hay un hiato o un vacío sutil, que permite reinventar la vida, romper rutinas, dejarse sorprender por nuevas posibilidades, afirmar, con la convicción del poeta portugués José Régio, “no voy por ahí”. Lo que irrumpe es siempre una interrupción. La vida es la constante recreación de la vida. De otro modo, estaríamos condenados a la Rebelión en la granja de la que habla George Orwell, a vivir en el pantano de solo poder pensar lo que ya fue pensado. En este sentido, podemos afirmar que la forma de capitalismo que hoy domina, popularmente conocida como neoliberalismo, al inculcar con creciente agresividad que no hay alternativa al capitalismo y al modo de vida que impone, configura una propuesta necrodependiente, una economía de muerte, una sociedad de muerte, una política de muerte, una convivencia de muerte, un vicio de ver en la muerte ajena la prueba más convincente de que estamos vivos. Los daños que esta propuesta está causando son hoy evidentes. La imaginación y la creatividad que hacen posible la vida están siendo secuestradas por las fuerzas necrodependientes. A pesar de que todo lo que existe en la historia tiene un principio y un fin, resulta hoy difícil imaginar que el capitalismo, que tuvo un principio, tenga fin. Si tal dificultad se presenta como un obstáculo insalvable, habremos desistido de salir de la historia para hacer  historia, habremos firmado los papeles para entrar en la granja de animales de Orwell.
La dificultad es superable, pero para ello es necesario des-pensar mucho de lo que hasta ahora ha sido pensado como cierto y perenne, sobre todo en el Norte global (Europa y América del Norte). El primer des-pensamiento consiste en aceptar que la comprensión del mundo es mucho más amplia y diversificada que la comprensión occidental del mundo. Entre los mejores teóricos del pensamiento eurocéntrico de la transición del siglo XIX al siglo XX, hubo siempre una gran curiosidad por el mundo extraeuropeo –de Schopenhauer a Carl Jung, de Max Weber a Durkheim– pero siempre estuvo orientada a comprender mejor la modernidad occidental y a mostrar su superioridad. No hubo nunca el propósito de apreciar y valorar en sus propios términos las concepciones del mundo y de la vida que se habían desarrollado fuera del alcance del mundo eurocéntrico, y que divergían de él. En total consonancia con el momento culminante del imperialismo europeo (la Conferencia de Berlín de 1884-85 fijó las bases del reparto colonial de África entre las potencias europeas), todo lo que no coincidía con la cosmovisión eurocéntrica dominante era considerado atrasado y peligroso y, según los casos, objeto de catequización, represión, asimilación. La fuerza de esta idea residió siempre en la idea de la fuerza de los cañones y del comercio desigual que la impusieron.
En el momento en que el mundo eurocéntrico da evidentes signos de agotamiento intelectual y político, se abre la oportunidad para apreciar la diversidad cultural, epistemológica y social del mundo y hacer de ella un campo de aprendizajes que hasta ahora ha sido bloqueado por el prejuicio colonial del Norte global: el prejuicio de, por ser más desarrollado, no tener nada que aprender con el Sur global.
El segundo des-pensamiento es que esa diversidad es infinita y no puede ser captada por ninguna teoría general, por ningún pensamiento único global capaz de abarcarla adecuadamente. Los saberes que circulan por el mundo son infinitos. La aplastante mayoría de la población mundial gestiona su vida cotidiana según preceptos y sabidurías que difieren del saber científico, que consideramos el único válido y riguroso. La ciencia moderna es tanto más preciosa cuanto más se disponga a dialogar con otros conocimientos. Su potencial es tanto mayor cuanto más consciente sea de sus límites. Del reconocimiento de esos límites y de la disponibilidad al diálogo emergen ecologías de saberes, constelaciones de conocimientos que se articulan y enriquecen mutuamente para, a partir de una mayor justicia cognitiva (justicia entre saberes), permitir que se reconozca la existencia y el valor de otros modos de concebir el mundo y la naturaleza y de organizar la vida que no se basan en la lógica capitalista, colonialista y patriarcal que ha sostenido el pensamiento eurocéntrico dominante. No hay justicia social global sin justicia cognitiva global. Solo así será posible crear la interrupción que permita imaginar y realizar nuevas posibilidades de vida colectiva, identificar alternativas reprimidas, desacreditadas, invisibilizadas, que, en su conjunto, representan un fatal desperdicio de experiencia.
De ahí surge el tercer des-pensamiento: no necesitamos alternativas, sino un pensamiento alternativo de alternativas. Ese pensamiento, en sí mismo internamente plural, buscar reconocer y valorizar experiencias que apuntan hacia formas de vida y de convivencia que, pese a ser poco familiares o apenas embrionarias, configuran soluciones para problemas que afligen cada vez más nuestra vida colectiva, como por ejemplo los problemas ambientales.
Tales experiencias constituyen emergencias y solo un pensamiento alternativo será capaz, a partir de ellas, de construir una sociología de las emergencias. 
Consideremos el siguiente ejemplo: el 15 de marzo de este año, el Parlamento de Nueva Zelanda aprobó una ley que confiere personalidad jurídica y derechos humanos al río Whanganui (foto), considerado por los maoríes un río sagrado, un ser vivo que asumen como su antepasado. Tras 140 años de lucha, los maoríes consiguieron obtener la protección jurídica que buscaban: el río deja de ser un objeto de propiedad y de gestión para ser un sujeto de derechos con nombre propio, que debe ser protegido como tal. A los ojos de la concepción eurocéntrica de la naturaleza, basada en la filosofía de Descartes, esta solución jurídica es una aberración. Un río es un objeto natural y como tal no puede ser sujeto de derechos. Fue precisamente en estos términos que la oposición conservadora cuestionó al primer ministro neozelandés. Si un río no es un ser humano, no tiene cabeza, ni tronco, ni  piernas, ¿cómo se le puede atribuir derechos humanos y personalidad jurídica? La respuesta del primer ministro fue dada en forma de contrapregunta. ¿Y una empresa, tiene cabeza, tiene tronco, tiene piernas? Si no los tiene, ¿cómo es tan fácil para nosotros atribuirle personalidad jurídica? 
Lo que está ante nosotros es la emergencia del reconocimiento jurídico de una entidad a la que subyace una concepción de naturaleza diferente de la concepción cartesiana que la modernidad occidental naturalizó como la única concepción posible. Inicialmente, esta concepción estaba lejos de ser consensual. Basta recordar a Spinoza, su distinción entre natura naturata y natura naturans, y su teología basada en la idea Deus sive natura (Dios, o sea, la naturaleza). La concepción spinozista tiene afinidades de familia con la concepción de naturaleza de los pueblos indígenas, no sólo en Oceanía sino también en las Américas. Estos últimos consideran la naturaleza como Pachamama, Madre Tierra, y defienden que la naturaleza no nos pertenece: nosotros pertenecemos a la naturaleza.
La concepción spinosista fue suprimida porque solo la concepción cartesiana permitía concebir a la naturaleza como un recurso natural, transformarla en un objeto incondicionalmente disponible para la explotación de los humanos. Al final esta era una de las grandes razones, sino la mayor razón, de la expansión colonial, y la mejor justificación para la apropiación no negociada y violenta de las riquezas del Nuevo Mundo. Y para que la apropiación y la violencia fuesen plenas, los propios pueblos indígenas fueron considerados parte de la naturaleza. Fue necesaria una encíclica papal (Sublimis Deus, del Papa Paulo III en 1537) para garantizar que los indios tenían alma, una garantía menos generosa de lo que puede parecer, toda vez que se destinaba a justificar la evangelización (si los indios no tuviesen alma, ¿cómo pretender salvarlos?).
La novedad jurídica venida de Nueva Zelanda tiene precedentes. La Constitución Política de Ecuador de 2008 establece en su artículo 71 que la naturaleza, concebida como Madre Tierra, es un sujeto de derechos. Y una semana después de la promulgación de la ley neozelandesa, el Tribunal Supremo del Estado de Uttarakhand de la India decidió que los ríos Ganges y su afluente Yamuna son “entidades humanas vivas”. Llevadas a la práctica, estas decisiones están lejos de ser triviales. Significan, por ejemplo, que las empresas que contaminan un río cometen un ilícito criminal y la indemnización a que quedan obligadas será inmensamente superior a las que pagan hoy (cuando pagan). Ya en 1944 Karl Polanyi recordaba en su obra maestra, La gran transformación, que si las empresas capitalistas tuviesen que indemnizar adecuadamente todos los daños que causan a los seres humanos y a la naturaleza, dejarían de ser rentables.
Estas innovaciones jurídicas no surgen de concesiones generosas de las clases dominantes y las elites eurocéntricas. Son la culminación de procesos de lucha de larga duración, luchas de resistencia contra la explotación capitalista y colonial, impuesta como imperativo de modelos de desarrollo que, previsiblemente, solo benefician a los explotadores. Su carácter de emergencia reside en el hecho de ser gérmenes de otra relación entre humanos y naturaleza que puede ser potencialmente decisiva para resolver los graves problemas ambientales que afrontamos. 
Son emergencias porque sirven no solamente a los intereses de los grupos sociales que las promueven, sino también a los intereses globales de la población mundial ante problemas como el calentamiento global y las dramáticas consecuencias que de ello derivan. Para darles a estas emergencias el crédito que merecen, no podemos apoyarnos en el pensamiento eurocéntrico hegemónico. Necesitamos un pensamiento alternativo de alternativas, al que vengo denominando epistemologías del Sur.
* Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

Para una sociología de las emergencias Por Boaventura de Sousa Santos

Publicado en Pagina12 04/09/2017 
Los seres humanos viven dentro y fuera de la historia. Esto es lo que los distingue de los animales no humanos. Hacemos historia en la medida en que resistimos a lo que la historia hace de nosotros. Vivimos lo que ya fue vivido (el pasado nunca pasa o desaparece) y lo que aún no ha sido vivido (el futuro es vivido como anticipación de lo que en realidad nunca será vivido por nosotros). Entre el presente y el futuro hay un hiato o un vacío sutil, que permite reinventar la vida, romper rutinas, dejarse sorprender por nuevas posibilidades, afirmar, con la convicción del poeta portugués José Régio, “no voy por ahí”. Lo que irrumpe es siempre una interrupción. La vida es la constante recreación de la vida. De otro modo, estaríamos condenados a la Rebelión en la granja de la que habla George Orwell, a vivir en el pantano de solo poder pensar lo que ya fue pensado. En este sentido, podemos afirmar que la forma de capitalismo que hoy domina, popularmente conocida como neoliberalismo, al inculcar con creciente agresividad que no hay alternativa al capitalismo y al modo de vida que impone, configura una propuesta necrodependiente, una economía de muerte, una sociedad de muerte, una política de muerte, una convivencia de muerte, un vicio de ver en la muerte ajena la prueba más convincente de que estamos vivos. Los daños que esta propuesta está causando son hoy evidentes. La imaginación y la creatividad que hacen posible la vida están siendo secuestradas por las fuerzas necrodependientes. A pesar de que todo lo que existe en la historia tiene un principio y un fin, resulta hoy difícil imaginar que el capitalismo, que tuvo un principio, tenga fin. Si tal dificultad se presenta como un obstáculo insalvable, habremos desistido de salir de la historia para hacer  historia, habremos firmado los papeles para entrar en la granja de animales de Orwell.
La dificultad es superable, pero para ello es necesario des-pensar mucho de lo que hasta ahora ha sido pensado como cierto y perenne, sobre todo en el Norte global (Europa y América del Norte). El primer des-pensamiento consiste en aceptar que la comprensión del mundo es mucho más amplia y diversificada que la comprensión occidental del mundo. Entre los mejores teóricos del pensamiento eurocéntrico de la transición del siglo XIX al siglo XX, hubo siempre una gran curiosidad por el mundo extraeuropeo –de Schopenhauer a Carl Jung, de Max Weber a Durkheim– pero siempre estuvo orientada a comprender mejor la modernidad occidental y a mostrar su superioridad. No hubo nunca el propósito de apreciar y valorar en sus propios términos las concepciones del mundo y de la vida que se habían desarrollado fuera del alcance del mundo eurocéntrico, y que divergían de él. En total consonancia con el momento culminante del imperialismo europeo (la Conferencia de Berlín de 1884-85 fijó las bases del reparto colonial de África entre las potencias europeas), todo lo que no coincidía con la cosmovisión eurocéntrica dominante era considerado atrasado y peligroso y, según los casos, objeto de catequización, represión, asimilación. La fuerza de esta idea residió siempre en la idea de la fuerza de los cañones y del comercio desigual que la impusieron.
En el momento en que el mundo eurocéntrico da evidentes signos de agotamiento intelectual y político, se abre la oportunidad para apreciar la diversidad cultural, epistemológica y social del mundo y hacer de ella un campo de aprendizajes que hasta ahora ha sido bloqueado por el prejuicio colonial del Norte global: el prejuicio de, por ser más desarrollado, no tener nada que aprender con el Sur global.
El segundo des-pensamiento es que esa diversidad es infinita y no puede ser captada por ninguna teoría general, por ningún pensamiento único global capaz de abarcarla adecuadamente. Los saberes que circulan por el mundo son infinitos. La aplastante mayoría de la población mundial gestiona su vida cotidiana según preceptos y sabidurías que difieren del saber científico, que consideramos el único válido y riguroso. La ciencia moderna es tanto más preciosa cuanto más se disponga a dialogar con otros conocimientos. Su potencial es tanto mayor cuanto más consciente sea de sus límites. Del reconocimiento de esos límites y de la disponibilidad al diálogo emergen ecologías de saberes, constelaciones de conocimientos que se articulan y enriquecen mutuamente para, a partir de una mayor justicia cognitiva (justicia entre saberes), permitir que se reconozca la existencia y el valor de otros modos de concebir el mundo y la naturaleza y de organizar la vida que no se basan en la lógica capitalista, colonialista y patriarcal que ha sostenido el pensamiento eurocéntrico dominante. No hay justicia social global sin justicia cognitiva global. Solo así será posible crear la interrupción que permita imaginar y realizar nuevas posibilidades de vida colectiva, identificar alternativas reprimidas, desacreditadas, invisibilizadas, que, en su conjunto, representan un fatal desperdicio de experiencia.
De ahí surge el tercer des-pensamiento: no necesitamos alternativas, sino un pensamiento alternativo de alternativas. Ese pensamiento, en sí mismo internamente plural, buscar reconocer y valorizar experiencias que apuntan hacia formas de vida y de convivencia que, pese a ser poco familiares o apenas embrionarias, configuran soluciones para problemas que afligen cada vez más nuestra vida colectiva, como por ejemplo los problemas ambientales.
Tales experiencias constituyen emergencias y solo un pensamiento alternativo será capaz, a partir de ellas, de construir una sociología de las emergencias. 
Consideremos el siguiente ejemplo: el 15 de marzo de este año, el Parlamento de Nueva Zelanda aprobó una ley que confiere personalidad jurídica y derechos humanos al río Whanganui (foto), considerado por los maoríes un río sagrado, un ser vivo que asumen como su antepasado. Tras 140 años de lucha, los maoríes consiguieron obtener la protección jurídica que buscaban: el río deja de ser un objeto de propiedad y de gestión para ser un sujeto de derechos con nombre propio, que debe ser protegido como tal. A los ojos de la concepción eurocéntrica de la naturaleza, basada en la filosofía de Descartes, esta solución jurídica es una aberración. Un río es un objeto natural y como tal no puede ser sujeto de derechos. Fue precisamente en estos términos que la oposición conservadora cuestionó al primer ministro neozelandés. Si un río no es un ser humano, no tiene cabeza, ni tronco, ni  piernas, ¿cómo se le puede atribuir derechos humanos y personalidad jurídica? La respuesta del primer ministro fue dada en forma de contrapregunta. ¿Y una empresa, tiene cabeza, tiene tronco, tiene piernas? Si no los tiene, ¿cómo es tan fácil para nosotros atribuirle personalidad jurídica? 
Lo que está ante nosotros es la emergencia del reconocimiento jurídico de una entidad a la que subyace una concepción de naturaleza diferente de la concepción cartesiana que la modernidad occidental naturalizó como la única concepción posible. Inicialmente, esta concepción estaba lejos de ser consensual. Basta recordar a Spinoza, su distinción entre natura naturata y natura naturans, y su teología basada en la idea Deus sive natura (Dios, o sea, la naturaleza). La concepción spinozista tiene afinidades de familia con la concepción de naturaleza de los pueblos indígenas, no sólo en Oceanía sino también en las Américas. Estos últimos consideran la naturaleza como Pachamama, Madre Tierra, y defienden que la naturaleza no nos pertenece: nosotros pertenecemos a la naturaleza.
La concepción spinosista fue suprimida porque solo la concepción cartesiana permitía concebir a la naturaleza como un recurso natural, transformarla en un objeto incondicionalmente disponible para la explotación de los humanos. Al final esta era una de las grandes razones, sino la mayor razón, de la expansión colonial, y la mejor justificación para la apropiación no negociada y violenta de las riquezas del Nuevo Mundo. Y para que la apropiación y la violencia fuesen plenas, los propios pueblos indígenas fueron considerados parte de la naturaleza. Fue necesaria una encíclica papal (Sublimis Deus, del Papa Paulo III en 1537) para garantizar que los indios tenían alma, una garantía menos generosa de lo que puede parecer, toda vez que se destinaba a justificar la evangelización (si los indios no tuviesen alma, ¿cómo pretender salvarlos?).
La novedad jurídica venida de Nueva Zelanda tiene precedentes. La Constitución Política de Ecuador de 2008 establece en su artículo 71 que la naturaleza, concebida como Madre Tierra, es un sujeto de derechos. Y una semana después de la promulgación de la ley neozelandesa, el Tribunal Supremo del Estado de Uttarakhand de la India decidió que los ríos Ganges y su afluente Yamuna son “entidades humanas vivas”. Llevadas a la práctica, estas decisiones están lejos de ser triviales. Significan, por ejemplo, que las empresas que contaminan un río cometen un ilícito criminal y la indemnización a que quedan obligadas será inmensamente superior a las que pagan hoy (cuando pagan). Ya en 1944 Karl Polanyi recordaba en su obra maestra, La gran transformación, que si las empresas capitalistas tuviesen que indemnizar adecuadamente todos los daños que causan a los seres humanos y a la naturaleza, dejarían de ser rentables.
Estas innovaciones jurídicas no surgen de concesiones generosas de las clases dominantes y las elites eurocéntricas. Son la culminación de procesos de lucha de larga duración, luchas de resistencia contra la explotación capitalista y colonial, impuesta como imperativo de modelos de desarrollo que, previsiblemente, solo benefician a los explotadores. Su carácter de emergencia reside en el hecho de ser gérmenes de otra relación entre humanos y naturaleza que puede ser potencialmente decisiva para resolver los graves problemas ambientales que afrontamos. 
Son emergencias porque sirven no solamente a los intereses de los grupos sociales que las promueven, sino también a los intereses globales de la población mundial ante problemas como el calentamiento global y las dramáticas consecuencias que de ello derivan. Para darles a estas emergencias el crédito que merecen, no podemos apoyarnos en el pensamiento eurocéntrico hegemónico. Necesitamos un pensamiento alternativo de alternativas, al que vengo denominando epistemologías del Sur.
* Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

domingo, 13 de agosto de 2017

Libre comercio y época colonial - Alain Rouquié



Libre comercio y época colonial:

´´La especialidad del Argentino nativo es la cría de ganado mientras que el comercio y la industria están exclusivamente en manos de extranjeros´´

La ´´ libertad de comercio´´, que fue el principal objetivo de la Revolución de Mayo , si bien contribuyó eficazmente a arruinar la economía de las provincias interiores, incapaces de resistir la competencia de los productos manufacturados europeos, no enriqueció a la Argentina. En Buenos Aires, puerto por excelencia, un pequeño grupo de importadores y de intermediarios del comercio británico accedió a una modesta prosperidad. El grueso de la nación , presa de los choques de las fuerzas centrifugas y de las luchas intestinas entre los ´´federales´´, defensores de las libertades provinciales y de las economías tradicionales , y los ´´unitarios´´ , liberales centralistas, inclinados hacia Europa, recién salía de su sopor colonial. Es verdad que el país estaba todavía semi-desierto: a la ausencia de mano de obra y a la exiguidad del mercado interno se agregaban las dificultades en las comunicaciones. La baja densidad del tejido social acrecentaba la inseguridad permanente que producían las frecuentes incursiones de los indos en las zonas de reciente implantación europea. Además , en la primera mitad del siglo XIX, la producción nacional limitada a los cueros y a la carne de los saladeros presentaba un interés todavía escaso para el mercado mundial. Estas diversas desventajas explican la organización tardía de la economía argentina moderna.
Sólo cuando se hayan dado las pre-condiciones económicas y políticas el grupo de dirigente podrá poner práctica el proyecto de modernización y transformación integral del país , elaborado por ´´pensadores´´ de la organización nacional como Alberdi y Sarmiento. Los maestros de la ´´utopía argentina´´ pretendieron insertar a su país en el concierto de naciones civilizadas ´´trayendo Europa a América, inspirados por el éxito fascinante de los Estados Unidos de Norteamérica que en menos de un siglo gracias al flujo de hombres y de capitales , edificaron una poderosa nación agrícola industrial. Ese proyecto fue posible cuando, como consecuencia del progreso técnico y de la baja de los costos de los transportes marítimos y terrestres, la economía mundial se reorganizó bajo la égida de Gran Bretaña, primer Estado industrial, sobre la base de una división internacional de trabajo que tuvo en cuenta las ´´ventajas económicas comparativas´´.Por otra parte, el apaciguamiento de los antagonismos entre los grupos dirigentes de las diferentes provincias , la desaparición progresiva de las luchas civiles y de las tentaciones separatistas, así como la ´´solución definitiva  ´´ dada al problema indio por un vigorosa y despiadada campaña militar , permitieron liberar los recursos políticos  y territoriales de la gran mutación. En adelante la Argentina podía asegurar los beneficios de la libertad... para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo Argentino, según la formula generosa inscripta en la el preámbulo de la Constitución liberal promulgada en 1853. El carácter aparentemente voluntario de ese proceso es un aspecto de la organización económica argentina y de su proyección social que no debe desdeñarse, aunque en realidad haya sido inducido desde el el exterior y organizado en interés de un centro de poder europeo. Los dividendos políticos que recibió la élite ilustrada , que ´´concibió´´ y guió esa metamorfosis nacional , no deberían ser subestimados.
La unificación de un mercado mundial en el cual se integraría la Argentina y la unidad de la sociedad política nacional se efectuaron a través de movimientos convergentes entre 1860 y 1880. La industrialización de los países europeos y su creciente especialización en la industria manufacturera abrieron , gracias a la mejora de los transportes , los mercados europeo a a la producción de productos alimenticios de los países templados de ultramar.
Las inversiones de las metrópolis del viejo mundo en las actividades destinadas a producir para los países industrializados y a facilitar la comercialización de esa producción apresuraron la modernización de las naciones ´´periféricas´´. El movimiento internacional de capitales tomó , a partir de 1875 , una importancia desconocida hasta entonces. La expansión del comercio mundial adoptó un ritmo acelerado y continuo desde 1860, por el impulso de la potencia hegemónica, verdadero ´´talller de mundo´´.
Mientras los primeros kilómetros de vías férreas se pusieron en servicio en la Argentina , entre 1857 y    , marcó , con el retorno de Buenos Aires al seno de la confederación , el fin de la secesión de la provincia rica, consiguiente a la promulgación de la Constitución de  1853 y a la culminación de la unidad nacional. En lo sucesivo, la provincia dominante impondría sus decisiones a las demás  y pondría término así a la dispersión geográfica del poder. La inmigración, que estaba incluida en la constitución y era deseada por los gobiernos , fue oficialmente fomentada y organizada por una ley a partir de 1876 , durante la presidencia de Nicolas de Avellaneda. Por fin , en 1880 el país definitivamente pacificado y unificado pudo ingresar en la era del crecimiento económico y del universo de curvas ascendentes. En efecto , , la ´´ federalización´´ de Buenos Aires impídio desde entonces los enfrentamientos entre las autoridades nacionales y las de la provincia más poderosa.
La coincidencia de condiciones internacionales favorables y de la voluntad del grupo dirigente de sacar partido de las posibilidades apenas explotadas del país no tardó en dar sus frutos.
Si bien los historiadores Argentinos se remontan a 1880 para ubicar los comienzos de la Argentina moderna, es desde 1889, con motivo de la exposición Universal de París , que el mundo entero descubrió las realizaciones espectaculares  de la Gran República Argentina.    

viernes, 14 de julio de 2017

Sobre la idiosincrasia Argentina Por Alain Rouquie

Sobre la idiosincrasia Argentina Por Alain Rouquie 

Alain RouquiéAlain Rouquié (Millau, Francia, 1939). Es politólogo, posee un máster de investigación en Ciencia Política y en 1978 obtuvo un doctorado en ..



En 1954, sobre veinte estados latinoamericanos trece estaban gobernados por militares. En 1975 , más de la mitad de la población total del continente vive en estados cuya administración se encuentra a cargo de regímenes militares, o con predominio militar .

En América del Sur, seis naciones,que representan, que representan los cuatros quintos del territorio, tienen como presidentes a oficiales tienen como presidentes a oficiales que lograron el poder merced a sus pares y aun ´´feliz´´ golpe de Estado.

Desde hace cuarenta años, muchos muchos se han interrogado sobre esta inquietante hegemonía del poder militar. Las interpretaciones generales y las teorías globales han prosperado. La amplitud del fenómeno , su permanencia y su carácter endémico en área cultural relativamente homogénea apenas si incitaban a hacer un esfuerzo de análisis profundo y de investigaciones empíricas.

Algunos podían contentarse , en el marco de esas explicaciones insuficientes, con la tautologica psicología de los pueblos. Así pues existiría un sistema de relaciones entre el poder civil y el ejercito propio de mundo hispánico. La historia de la antigua metrópoli refirma esta hipótesis. ¿Acaso no ofrece a través de un siglo, desde el general Riego hasta el general Franco, la gama imponente de las formas más variadas de una presencia militarista tan vigente como eficaz? Además, ¿no es español el vocabulario del poder militar? Juntas de oficiales y pronunciamientos aparecen tras los Pirineos como platas vivaces, trasplantadas a un terreno propicio más allá del Atlántico.

Con más rigor , algunos historiadores pudieron ver en la frecuencia de las intervenciones militares en la vida política contemporánea ´´ residuos culturales de las guerras civiles del XIX´´ hispanoamericano. El periodo de anarquía que conocieron las antiguas colonias españolas inmediatamente después de su independencia habría configurado un tipo de relación política basada en la fuerza un sistema de actitudes frente al poder que llevaría a un estado de ´´violencia descentralizada´´ y difusa. El jinete y los montoneros intrépidos se convirtieron en técnicos de la caballería blindada, los caudillos se metamorfosearon en oficiales de Estado Mayor. pero lo esencial ha persistido. Afinando esta interpretación a partir del positivismo de fines de siglo y sacando irrefutables conclusiones, otros especialistas vieron incluso en este esquema de poder´la constitución real´´ de la mayoría de las ´´democracias americanas´´. Estas repúblicas turbulentas intrínsecamente inaptas para la practica de la democracia de tipo occidental, requerían un poder autoritario , arbitro indiscutible entre grupos e intereses irreductibles , un ´´ gendarme necesario´´ adaptado a su idiosincrasia. Se recobraba así la virtud ´´científicamente´´ somnífera del estereotipo. No es que la singularidad cultural sea insignificante, peor si bien habría que confirmar mediante comparaciones juiciososas su carácter definitivo , comprobar su existencia no sustituye la explicación. Las raíces del fenómeno no se encuentran en el ´´clima humano´´ que, desprovisto de unidad étnica , se extiende más de 80 grados de latitud; es necesario buscarlas en otra parte.

Esa primera interpretación se vio decididamente debilitada a partir de la segunda mitad del siglo XX. Su replanteo coincide con la ampliación del mundo político que significo el acceso que significo el acceso a la independencia real o formal de numerosas antiguas colonias, particularmente en África. El rol de los militares en los nuevos Estados, sorprendentemente comparable al de los ejércitos latinoamericanos , provocó el eclipse de la explicación cultural y puso en evidencia la necesidad de un estudio ´´sin prejuicios´´ de militarismo americano en su contexto económico, social e internacional. Se observó entonces que, indiscutiblemente , el poder del general Barrientos en Bolivia se parecía más al de su contemporáneo, el genral Mobutu del Congo- Kinshasa, que ala presidencia del general Mitre, jefe de Estado Argentino del siglo pasado.

Asimismo , no se podía negar que pese a enormes diferencias había más rasgos comunes entres los regímenes del coronel Nasse y del general Perón que entre este y las pintorescas tiranías de Santa Anna o de Cipriano Castro. Así, la emancipación de África servía para el re descubrimiento de América.El sistema de las relaciones políticas entre civiles y militares,que se creía circunscrito a las naciones de américa latina , era tal vez propio del mundo desarrollado.

Las teorías que relacionan el militarismo con el subdesarrollo tienen ventaja de poseer cierto rigor. Si bien se ignoran los mecanismo del poder militar , se sabe en lineas generales a que se llama subdesarrollo, se conocen con precisión sus principales indicadores. Resulta generalmente que en los países poco desarrollados, donde las estructuras sociales son débiles y simples, donde los equipos de técnicos son escasos, el ejercito profesional constituye una fuerza de encuadernamiento moderna y eficaz,una reserva de capacidades al servicio de la unidad nacional u del progreso económico. El revés de tan brillante medalla proviene de la irreprimible tendencia de esa élite técnica a ocupar el poder y substituir al grupo dirigente civil, juzgado incompetente o incapaz de asegurar la modernización en orden. Se ha podido señalar así, que los países de América Latina que se caracterizan por un militarismo tenaz son pequeños Estados muy atrasados cuya poco diversificada sociedad reproduce un esquema casi idealmente dualista. Y concluir que mientras más complejo y pluralista es el sistema social, menos facilidad tienen las Fuerza Armadas para ejercer sus intervenciones políticas.

De hecho , la hipótesis que relaciona la preponderancia política del poder militar con el subdesarrollo no se aplica a la Árgentina como la interpretación ´´cultural´´ del militarismo latinoamericano. Las razones son evidentes. Para persuadirse, basta con examinar a la Argentina de la década del sesenta desde el punto de vista de las características constitutivas del subdesarrollo tales como las han aislado geografos y economistas. ! Qué decir de la insuficiencia alimenticia crónica de los países del Tercer Mundo, de su débil consumo de protidos cuando la Argentina se sítua al frente de las naciones en cuanto al consumo de carne por habitante. El subdesarrollo se señala por el arcaismo de la agricultura y por la extrema debilidad de la industrilizacion. La Argentina, segundo país exportador de trigo y primer exportador maíz del mundo, está orgullosa con razón de sus haras y de sus establecimientos modelos de cría. País con vocación agrícola y pastoril , hace ya muchos lustos que la participación de su industria en la formación del P-B.I es superior a la del sector agropecueario. ¿ El débil desarrollo de las clases medias es un índice seguro de una estructura social de subdesarrollo? Ahora bien, la Argentina se presenta ante el observador como una innegable ´´mesocracia´´. Los estratos intermedios ocupaban cerca del 40% del conjunto social a principios de la década del cincuenta.

Desde entonces , la amplitud de las clases medias , cuyo estilo de vida inspira a todos los niveles de la sociedad argentina , se vio acrecentada por una no despreciable movilidad vertical.Por fin , la explosión demografica propia de los países en vías de desarrollo es totalmente desconocida en la República Argentina. La tase de natalidad de esta nación subpoblada es apenas superior a la de los países occidentales industrializados.En el aspecto sanitario, con una tasa de mortalidad que se encuentra entre la las más bajas del mundo, la Argentina puede difícilmente figurar como nación proletaria.

La Argentina nación semidesarrollada, constituye una sociedad moderna , con estructuras complejas y diversificadas. Ese pluralismo social se traduce particularmente por la importancia que revisten tanta la afiliación a las asociaciones voluntarias como la organización y el peso especifico de los grupos de interés más diversos.La Argentina posee una tasa de alfabetización y un nivel cultural que no sólo la ubican en primer lugar en América Latina sino también por encima de varias naciones de la Europa mediterránea. A pesar de una grave problema de desequilibrio económico y demográfico, la Argentina no sufre ni tensiones regionales o raciales, ni problemas de minoerías étnicas, no cuenta con amplios sectores de población autóctona mantenidos al margen de la vida nacional.
Ninguna situación social explosiva justifica entonces, a primera vista la existencia de un poder autoritario y de una apropiación del Estado por parte del ejercito. 


Pues bien, nos hemos propuesto estudiar las relaciones del ejercito y del poder en el marco de la crisis política argentina. Los golpes de estado así como las conspiraciones y los gobiernos defactos son la expresión privilegiada de esta larga crisis. La especificidad del poder militar y de su hegemonía en la vida política argentina proviene de su carácter de respuesta ´´militarista´´ a una situación nacional particular. La inserción de los militares en la sociedad global y su intervención activa en el sistema político puede analizarse desde distintos puntos de vista. En este aspecto, la unidad de análisis elegida es determinante. Rechazamos igualmente la atomización, ya sea estadística ya sea psicológica, y la abstracción institucional como métodos de interpretación principal si no única. Por lo tanto , no creemos que el peronismo ni el acceso del coronel Peron al poder puedan explicarse por las características personales del oficial o del hombre Juan Domingo Perón. Ni que la de la Argentina habría cambiado si la nariz de Eva Duarte hubiera sido más corta o si el general Justo hubiera vivido algunos años más. Sin embargo , estamos lejos de pensar que la ´´personalidad´´ de los protagonistas de la vida política sea un elemento sin importancia. Asimismo, prestamos la mayor atención a las coordenadas socio familiares de los militares, sin considerar por eso que las estadísticas sociales ´´nacionales´´ o geográficos de los oficiales y de sus familias puedan por si solas, agregadas, dar cuenta de la actitud de los oficiales como su formación propiamente profesional, la influencia de la institución y el molde donde funde sus miembros, habría que agregarle al esquema los casamientos, las amistades ,las simpatías ideológicas, de hecho, las múltiples lealtades a veces contradictorias a las cuales se encuentra sujeto el oficial y que limitan todo determinismo unilateral. Por otra parte como lo señala Clyde Kluckhohn, una pared de ladrillos disgregada en ladrillos no es más una pared , porque en las ciencias sociales ´´las relaciones son tan reales como los objetos´´: la suma de los supuestos determinantes de las actitudes del conjunto de los militares argentinos no puede reproducir para nada la orientación global del ejército ni siquiera la mentalidad individual delos oficiales .


Los limites y las debilidades de una economía abierta



Sin embargo esa prosperidad tan rápida como vistosa es frágil.
En efecto, en ese brillante panorama no faltan las sombras. Para comenzar , hay que señalar la vulnerabilidad de un sistema económico estrechamente ligado al mercado internacional y los recursos financieros de la Argentina se encuentran subordinados al comercio externo. El país exporta productos alimenticios y materias primas, e importa bienes manufacturados y combustibles. En el caso de que se produzca una mala cosecha, las importaciones bajarán a continuación de las exportaciones, provocando una contracción generalizada de la actividad económica. El estado no puede correr el riesgo de reactivarla por medio del gasto público ya que el presupuesto, esencialmente alimentado por los derechos de aduana, depende del nivel de las importaciones.
Además la Argentina necesitaba capitales extranjeros para construir la infraestructura necesaria para el comercio exterior ( puestos vías férreas) y para equipar y embellecer las ciudades.A principios del siglo , ´´90% de los empréstitos internos eran colocados en el extranjero´´. El total del ´´pasivo´´ - empréstitos públicos e inversiones de las empresas privadas- llegaba a 922 millones de peros oro en 1892, mientras que el saldo de la balanza comercial no era más que de 21 millones de pesos oro y las exportaciones ascendían a 113 millones de pesos. Durante los periodos de ´´vacas gordas´´ y para mantener elevado el nivel de las importaciones , la Argentina contrataba nuevos empréstitos para afrontar el pago de los servicios dela deuda pública. Asimismo, ´´ la entrada de nuevas inversiones cubría una proporción elevada de los intereses del capital extranjeros. La élite dirigente concebía como un ideal al endeudamiento externo; demostraba el crédito internacional de que gozaba la República y , por lo tanto el prestigio nacional. Contraer empréstitos e hipotecar la riqueza del futuro no asustaba en lo más mínimo a los dirigentes argentinos.
La economía del país se ve amenazada por mayores peligros más allá de esas debilidades coyunturales. En primer lugar , el carácter casi espontáneo de un expansión basada en el uso extensivo de tierras extremadamente fértiles, con costos de producción muy bajos, tiene límites. La incorporación de nuevas tierras y el mantenimiento del consumo interno en un nivel bajo y estable son las condiciones indispensables para preservar las ´´ventajas comparativas´´ de que goza la producción agropecuaria argentina.
Suponiendo que nada variara, la prosperidad argentina podría proseguir indefinidamente sólo a ese precio.
Por otro lado, el buen funcionamiento de la economía argentina depende de la estructura del mercado internacional y del lugar preponderante que ocupan en él las potencias europeas. Un desequilibrio duradero del mercado mundial, la ruptura de las grandes corrientes de intercambio, el debilitamiento de la especialización internacional en caso de repliegue de Europa, y la economía argentina deberá reconvertirse o verse condenada al estancamiento.
En la eventualidad las cosas no serán fáciles para la Argentina. La debilidad relativa del mercado interno sacrificado al desarrollo exógeno el bajo nivel del ahorro utilizable - ´´la riqueza se inmoviliza a menos que tome el camino del extranjero´´ y la especulación desenfrenada con las propiedades rurales y urbanas no facilitan la adaptación a los azares de la evolución económica mundial. Algunos autores han denunciado la participación casi exclusivamente pasiva de los argentinos en el proceso de su propio crecimiento . Si bien tal juicio incluye un parte de exageración, es cierto que la rapidez de la gigantesca mutación económica que se realizó en aproximadamente treinta años , y que dio a la luz a la Argentina moderna, conformó un conjunto de valores , de comportamientos económicos y de expectativas , tanto en el orden de la producción como del consumo , que contribuyeron a que el sistema económico se volviera particularmente rígido en su conjunto.
Otra particularidad negativa de las estructuras de la economía argentina se debe a la distribución de la propiedad rural. En un país de inmigración masiva y de economía agraria exportadora, la distribución desigual de la tierra constituye un dato esencial sobre el cual conviene insistir. Condiciona la composición de la población activa, la evolución social y el control del poder político.
La conformación histórica de la propiedad rural argentina explica fácilmente su concentración en pocas manos. Paradojicamente, cuando se produjo la inmigración masiva, las mejores tierras de ese país casi desierto fueron ocupadas jurídicamente. En efe, desde 1817, los poderes públicos atribuyeron tierras en propiedad con la mayor facilidad. Unas veces para reforzar la ´´frontera´´ mal defendida contra los indios, otras veces para recompensar a los militares que habían participado en las campañas de rechazo de las tribus no sometidas, pero las más para superar las permanentes dificultades del Tesoro. Tierras vírgenes , que nada costaban al Estado, ycuyo valor futuro nadie sospechaba, eran vendidas a bajo precio por legua cuadrada ( 25000 hectáreas) para pagar a los acreedores o concedidas graciosamente por el poder a los adeptos o como recompensa por servicios prestados. El estado se desprendió así de inmensas extensiones de tierras ricas y bien ubicadas que se valorizaron rápidamente gracias a los ferrocarriles y a la desaparición de la amenaza india. Cuando se tuvo necesidad que asegurara una población estable y equilibrada del país y que los poderes públicos o no dispusieron más que de extensiones difícilmente accesibles o de zonas agrícolas marginales.
Con relación a la masa de recién llegados , el porcentaje de inmigrantes afectados por la colonización o que pudieron convertirse en propietarios por otros medios permanece pues relativamente modesto.La dificultad para acceder a la propiedad constituye una de las características distintivas del proceso inmigratorio argentino.
La distribución de la población y su composición social se originan en gran medida en ese aspecto de la estructura productiva. El grupo tradicional de grandes propietarios y sus representantes en el poder no concebían a la inmigración más que como una fuente de mano de obra barata, a pesar de su admiración por el modelo norteamericano. La clase dominante de grandes estancieros no favorecía al pequeño agricultor independiente porque necesitaba mano de obra barata de gran movilidad para construir la infraestructura económica, aprovechar transitoriamente las tierras , realizar tareas agrícolas estacionales y lograr un buen funcionamiento de los servicios que su tren de vía requería.
Por eso, la ´´frontera´´ que , al sur de la pampa , separaba hasta 1880 los territorios explotados de las zonas amenazadas por las incursiones de los indios , no era un frente pionero abierto como en América del Norte. Cuando esa frontera fue suprimida por la ´´campaña del desierto´´, las nuevas tierras incorporadas al patrimonio nacional no se destinaron a la colonización: fueron vendidas, en parte por adelantado, para cubrir los gastos de la expedición del general Roca. Así funcionaban todavía los mecanismos tradicionales de distribución y de concentración de la propiedad en la época en que los poderes públicos fomentaban la inmigración masiva.
Por otro lado, la permanencia de una inflación continua a partir de 1880, que provocó la transferencia de ingresos de los trabajadores y de todos los sectores de la actividad nacional a los intereses agropecuarios exportadores , reforzó el poder económico de éstos y alejo todavía más los recién llegados la posibilidad de adquirir tierras.
En este país casi nuevo los lustros son siglos y ´´ la historia autobiografica´´, para retomar la fórmula de Borges, ennoblece rápidamente . ´´No se nota diferencia, escribe Huret , entre el aire de orgullo que toma un estanciero al decir que su abuelo planto los arboles de su estancia hace medio siglo y la digna tranquilidad de un descendiente de los cruzados cuando a la sombra del estandarte de Felipe Augusto.

Así, pues, los primeros europeos que ocuparon y valorizaron las tierras desérticas fundaron pueblos en sus propiedades y dejaron sus nombres a los espacios vírgenes , pertenecieron de derecho y de hecho a la oligarquía. Esos ´´heroes epónimos´´ de los cuales el escritor español Grandmontagne nos ha trazado atractivas semblanzas en sus cuentos , esos fundadores que pensaban ´´ que no hay posterioridad más bella que la creación de un pueblo´´formaban parte de una oligarquía ´´natural´´, de una élite histórica que todos los argentinos reconocen y respetan,
Huelga decir que la base del poder social de esta capa superior es la propiedad de la tierra. Es verdad que en los orígenes de las ´´ grandes familias tradicionales se encuentra frecuentemente al comercio y a las finanzas. Pero la posesión de tierras pone los verdaderos cimientos del prestigio oligarquico. No podía ser de otra manera. ¿No es la producción agropecuaria exportada el motor de la economía? La influencia de esta aristocracia terrateniente se vio reforzada además por su semimonopolio territorial y por la idea ampliamente divulgada entre los inmigrantes , en su mayoría de origen campesino, de que la verdadera riqueza y el bien supremo radicaban en la posesión de la tierra.
El doble origen del poder de la oligarquía , antigüedad familiar función histórica por un lado, gran propiedad por el otro, daba cierta heterogeneidad a este grupo social. La oligarquía tenia su jerarquía interna y sus parientes pobres. Los provincianos conspicuos, viejas familias coloniales del interior que dejaron su nombre en la historia de la Independencia y de las guerras civiles, pero cuyas propiedades se encontraban fuera de las zonas de expansión , eran integrados al grupo porque su poder local era útil al circulo dominante. Asimismo, en ciertas provincias con agricultura moderna , los grandes propietarios que producían para el mercado interno y que habían adquirido posiciones locales envidiables, se incorporaban poco a poco en función de su origen nacional al grupo dirigente. Es el caso de los barones azucareros de la región de Cuyo ( Mendoza y San Juan). En otros casos, fortunas comerciales o industriales recientes , a pesar de la compra ritual de campos, hacen antesala: estos nuevos ricos no son admitidos en los clubes y en los salones distinguidos. A fuerza de méritos , quizás sus hijos o sus nietos--- Sea como fuere, la oligarquía tenia un centro geográfico: su circulo interno estaba formado por los más grandes ganaderos de la provincia de Buenos Aires. 
Esos estancieros pertenecían a la famosa Sociedad Rural Argentina, que formaba con el Jockey Club y con el Club del Progreso los tres bastiones tradicionales de la oligarquía trunfante.
Esta élite establecida reunía, pues, a los ´´dueños de la tierra´´,pero sus miembros no se conformaban con poseer extensas propiedades rurales y grandes rebaños. Su dominio de la economía era más completo. Tenían en sus manos todos lo hilos de la actividad nacional. ´´Esas antiguas familias son todo poderosas.

Casi nada importante se hace en el país sin ellas y fuera de ellas. Conscientes de su poder, los miembro de la oligarquía esperaban obtener de su posición privilegiada un provecho exclusivo. ´´Argos de cien ojos... Briareo con cien brazos, esta élite está atenta a las buenas ocasiones para comprar y vender tierras, se entera de los informes confidenciales sobre las cotizaciones de la Bolsa, sabe qué grandes empresas van a crearse y que concesiones forestales restan por acordar, conoce los proyectos para la construcción de fábricas ,de frigoríficos , de molinos , de ingenios, de ferrocarriles, de puertos , los contratos previstos para la provisión de maquinarias , las próximas grandes obras...

Burgueses y capitalistas por su actividad de financistas y empresarios , prontos a adoptar la innovación que hará prosperar sus negocios y reforzará su poder económico, los miembros de la oligarquía se asemejaban a los aristócratas por su estilo de vida y por sus calores sociales. . El estanciero próspero era un gran señor de las colonias cuya morada era un palacio agreste que tenía algo de granja y algo de castillo. En la mayoría de los casos era un propietario ausente que , sin embargo , hacia construir en sus tierras casas señoriales de un lujo inesperado y convertía su estancia en ´´la forma mas suntuosa de la propiedad primitiva´´.

En efecto, ese decorado es simbólico. La casa de campo estilo Tudor o el palacio renacentista que se yerguen, incongruentes,en el medio de la pampa están vacíos la mayor parte del año, pero imponen una imagen de autoridad y traducen la distancia social infranqueable que separa al estanciero de sus peones, de los pequeños funcionarios del pueblo vecino o de sus escandilados subordinados. No nos equivoquemos , el patrón es más familiar con sus servidores de lo que los ´´burgueses conquistadores de Europa supieron serlo jamas, porque no mantiene con ellos relaciones funcionales de superior a subordinado sino relaciones ´´paternalistas´´ de persona importante a individuo insignificante. Es una diferencia de naturaleza que justifica la condescendencia de gran señor protector de sus súbditos.
Esa ´´conciencia de clase, o aun de casta , no es más que un aspecto manifiesto del poder social. Para sus miembros la oligarquía argentina se caracteriza por su perfecta indiscutible legitimidad. Los otros grupos sociales, particularmente los de origen inmigratorio , comparten generalmente tal opinión. Nadie puede disputarles la preeminencia a los descendientes de los fundadores de la Argentina moderna...
 El tiempo mismo de la historia argentina, con sus extensas zonas silenciosas que preceden a un período de intenso ritmo, refuerza el poder de un grupo dirigente sin igual y, por lo tanto, sin competencia. La oligarquía no sucede ni a lejanas y misteriosas jerarquías precolombinas ni a una pomposa aristocracia colonial . Por lo demás, la Argentina no conoció ciclos económicos sucesivos capaces de hacer surgir, para arruinarlos después , efímeros grupos dirigentes . Ella es la élite única y natural que condujo al país a la prosperidad y que lo reveló al mundo. Herederos de los padres fundadores los ´´patricios´´ argentinos como gustaban hacerse llamar- consideraban que tenían derecho de manejar el destino del país. Los ´´eupatridas´´ se proponían ejercer un poder hereditario sobre ´´la masa amorfa´´ de peones y sobre la ´´ clientela complaciente´´ de gringos que debían su presencia en suelo argentino nada mas que a su voluntad. En efecto el inmigrante sólo era un visitante. Debía conservar su lugar y aceptar la suerte que tuviera. La triada social argentina no puede dejar de evocar a la ciudad antigua. Son varios los autores que esbozaron comparación.¡No deben respetar, tanto el gringo como el ´´meteco´´ o el ´´cliente´´, las leyes del ´´patriciado´´ que los acoge y alimenta generosamente? Las masas criollas ¿o forman la ´´plebe´´ sin derechos y sin , tribuno todavía, o , mejor dicho, un pueblo de ´´ilotas´´ desposeídos, apegados a una tierra que antaño les pertenecía ?
A pesar de todo, no habría que creer que el poder de la oligarquía era de naturaleza feudal o arcaica, ni imaginar un despotismo tradicionalista o reaccionario. La oligarquía argentina era un grupo social modernizador.

jueves, 29 de junio de 2017

Drogadiccion y las relaciones intrapersonales



Miles de personas ocultan sus adicciones de los demás , de sus propios familiares , amigos . de todos aquellos quienes les recomiendan que dejen los malos hábitos, o las drogas , estos individuos entonces para poder mantener su adicción  , la ocultan de todos e incurren, en las mentiras mas ingeniosas para seguir drogándose sin control, estas personas construyen una personalidad basada en la mentira y en mentir a los demás , su dependencia total a las sustancias no les permite realizar ninguna acción sin estar bajos los efectos, todo conlleva a que desarrollen una doble vida y por la tanto un trastorno de personalidad , una dualidad , una bipolaridad entre la personalidad que pueden mostrar a la sociedad , amigos y familias. Y la personalidad oculta , la que se droga y tiene los deseos mas oscuros. Las relaciones intrapersonales con los drogadictos con llevan una gran carga para las personas que tienen una relación afectiva con el drogadicto.
Los familiares se sienten engañados y estafados por estos personajes, ya que toda acción puede ocultar otras intenciones, las de drogarse,  estas personas que creíamos conocer, ya no nos aman solo aman su droga, su adicción maneja su vida, sus actividades, sus políticas , sus decisiones, es por eso que se habla de una enfermedad , cuando se habla de drogadiccion. Todo gira en torno a eso. Es su única guía y su única razón para vivir.

miércoles, 28 de junio de 2017

De los bravucones y la educación Por Arturo Marasso



Tendría diez y siete años y estaba en el patio leyendo un respetable tomo, encuadernado con pasta, campo de batalla de la critica y el humorismo enconado. El grupo carnavalesco multicolor y multiparlante de muchachos vestidos de diablos abrió la puerta preguntando por mí, las máscaras de fino alambre con seriedad enfática, de cartón rojo con lobanillos , de negros barnices, de bigotes, barbas fantásticas y torcidos cuernos, me rodeaban y se reían, me invitaban a formar en la comparsa. Alguno me quitó el libro de las manos. Leía entre las carcajadas el título de la materia normativa. Se llevaban las manos a la cabeza, huyeron como espantados por el temor de una maleficio. Quedé triste, medio herido por el ridículo. 

Iban a la escuela muchachos grandotes, llevaban ramas de ortiga con que rozaban el cuello de un alumno; pájaros en el bolsillo para libertarlos en clase ; lagartos como cohetes; se desafiaban en los recreos , dándose feroces citas en el campo; dos de ellos pasaron por la acera de mi casa , yo jugaba , embobado , con un trompo flamante, blanco , con círculos rosados ; se detuvieron e hicieron bailar sus trompos de grandes púas afiladas, los alzaban dormidos, por la ligereza con que giraban , en la uña , los pasaban por el dorso de la mano, los recogían en la palma, los soltaban en el suelo sin que se detuvieran. 

Me invitaron al juego. El mío huyó sin acertar, dando unas vueltas saltadoras. Perdí. Enterró uno de ellos su trompo ganador con la púa hacia fuera;ató el mio con el hilo, de que asiéndolo fuertemente con habilidad , seguro , lo estrelló en la púa de su trompo; después pedazos blancos volaron por el aire. Se alejaron triunfantes. Estos muchachos alborotaban el grado.Aun en capitales, con la disciplina inexorable , no escaseaba un huevo arrojado al pizarrón de madera pintado de negro, una descosida bolsita de harina que pasaba cerca de la cabeza del maestro como un cometa ; una víbora muerta puesta entre los libros en el banco de un compañero tímido. 

Mientras la República, hacía ingentes sacrificios por la educación, el ´´monito´´, el ´´diablillo´´, ese gracioso destruía en parte la obra, enseñaba los malos hábitos, a copiar lecciones, a dictarlas, a faltar a clase, a engañar al maestro con discusiones y preguntas, en fin a dispersar la atención y a burlarse del aplicado. Nos contaba sus fanfarrronadas , se le envidiaba, era un caudillo; nunca se le probaban sus fechorías en el grado; los compañeros estaban dispuestos a perder el año antes que a descubrirlo; aunque oculto, no era, por suerte, libre su campo, el dominio moral de la escuela constreñía con freno de hierro. Ese niño o joven, desdichado, hace imposible toda obra seria en el aula, no siente inclinación por el estudio y logra a veces por malas vas ocupar un lugar sobresaliente en la clase; lo ocupará después falsamente, por su pericia en la vida publica, en la enseñanza, en la conducción de los hombres.

miércoles, 31 de mayo de 2017

La tentanción de existir Por E.M Cioran




Pensar contra sí mismo

Debemos la casi totalidad de nuestros conocimientos a nuestras violencias, a la exacerbación de nuestro desequilibrio. Incluso Dios, por mucho que nos intrigue, no es en lo más Intimo de nosotros donde le discernimos, sino justo en el limite exterior de nuestra fiebre, en el punto preciso en el que, al afrontar nuestro furor al suyo, resulta un choque, un encuentro tan ruinoso para El como para nosotros. Alcanzado por la maldición que los actos conllevan, el violento no fuerza su naturaleza, no va más allá· de si mismo, mas que para volver de nuevo a si enfurecido, como agresor, seguido de sus empresas, que vienen a castigarle por haberlas suscitado. No hay obra que no se vuelva contra su autor: el poema aplastar· al poeta, el sistema al filosofo, el acontecimiento al hombre de acción. Se destruye cualquiera que, respondiendo a su vocación y cumpliendola, se agita en el interior de la historia; suyo se salva quien sacrifica dones y talentos para que, liberado de su condición de hombre, pueda reposarse en el ser.

Si aspiro a una carrera metafísica, no puedo a ningún precio guardar mi identidad; debo liquidar hasta el menor residuo que me quede de ella; mas si, por el contrario, me aventuro en un papel histórico, la tarea que me incumbe es exasperar mis facultades hasta que estalle con ellas. Siempre se perece por el yo que se asume; llevar un nombre es reivindicar un modo exacto de hundimiento. Fiel a sus apariencias, el violento no se desanima, vuelve a empezar y se obstina, ya que no puede dispensarse de sufrir. Que se encarniza en la perdición de los otros? Es el rodeo que toma para llegar a su propia perdición. Bajo su aire seguro de si, bajo sus fanfarronadas, se esconde un apasionado de la desdicha.

De este modo, es también entre los violentos donde se encuentran los enemigos de si mismos. Y todos nosotros somos violentos, rabiosos que, por haber perdido la llave de la quietud, no tienen ya acceso mas que a los secretos del desgarramiento. En lugar de dejar al tiempo triturarnos lentamente, hemos creído oportuno sobreabundar en el, añadir a sus instantes los nuestros.

Ese tiempo reciente, injertado en el antiguo, ese tiempo elaborado y proyectado debía pronto revelar su virulencia; objetivándose, iba a convertirse en historia, monstruo urdido por nosotros contra nosotros mismos, fatalidad a la que no podríamos escapar, ni aun recurriendo a las fórmulas de la pasividad, a las recetas de la sabiduría. Intentar una cura de ineficacia; meditar sobre los padres taoistas, su doctrina del abandono, del dejarse llevar, de la soberanía de la ausencia; seguir, según su ejemplo, el recorrido de la conciencia cuando deja de tenerselas con el mundo y se moldea sobre todas las cosas, como el agua, elemento al que son afectos, eso ya podemos esforzarnos en lograrlo, que no lo conseguiremos jamás. Ellos condenan juntamente nuestra curiosidad y nuestra sed de dolores; y en esto se diferencian de los místicos, y singularmente de los de la edad media, hábiles en recomendarnos las virtudes de la camisa de cerdas, de la piel de erizo, del insomnio, de la inanición y del gemido.