jueves, 12 de enero de 2017

La revolución de los pueblos libres por Humberto Maiztegui






“En estos momentos de crisis de libertad no hay blancos ni colorados. Hay los que están contra el tirano y los que están con él , la tradición ya no habla. Ha perdido su extraordinario poder sobre espíritus. Casi puede decirse que carece de sentido”


El apoyo de la élite de a los caudillos es también obra de las circunstancias pues ambos grupos participan del propósito común de anular la influencia caudillesca. Tales propósitos chocarán contra la realidad social del país, semíbárbara , despoblada , más apta por consiguiente a la influencia de caudillesca que al gobierno de los doctores. Y así en el nacimiento del país queda planteado el antagonismo político y económico entre la ciudad y el territorio , entre caudillos y doctores, en una dinámica dialéctica que será la característica predominante en el siglo XIX.

Dentro del escenario histórico-social, donde el medio geográfico juega también un papel preponderante , la toma de posiciones políticas es un fenómeno complejo. Existe, evidentemente, una interacción de factores políticos y económicos que no pueden dejar de reconocerse. Por un lado el sentimiento de autonomía y por otro la incertidumbre sobre el futuro de la Provincia con un territorio “semibarbaro”, donde la población gaucha, errante e indómita, no se se sujeta a la “civilización” de la ciudad, cultivando a la vez un sentimiento irrestricto de patria como una manifestación instintiva proveniente de la libertad de sus costumbres

Dentro de éste ámbito geográfico , tan disputado y por ello tan conflictivo, fueron delineándose las dos corrientes políticas personalistas que, como el naciente país, no podrán desvincularse por muchos años de los factores externos involucrados en ese período histórico.

Como todas las élites criollas de Hispanoamérica , nuestros constituyentes son víctimas de una ficción constitucional. Todos ellos creen que la Constitución política del estado debe convertirse en un dogma , y como tal aceptado sin discusión por todos los habitantes del país , no teniendo en cuenta la realidad social para legislar de acuerdo a ella y “el librito” , como la llama Rivera, carecerá de vigencia hasta las postrimerías del siglo , cuando aplicaba y llevadas hasta sus últimas consecuencias algunas de sus disposiciones genera el “presidencialismo” , que se constituye en otro motivo de inestabilidad política.

Así como los monarcas locales cuestionan el dominio político y espiritual de la iglesia, la nueva clase de los grandes comerciantes que se había desarrollado con la extensión de las comunicaciones , al superarse la economía agrícola y localista de la Edad Media, cuestionaba a la vez a esas monarquías absolutas. Consecuencia de éstos es el movimiento de la Reforma en la iglesia, con el surgimiento del protestantismo, verdadera conmoción religiosa, política y bélica en los pueblos europeos , que pone en tela de juicio no sólo el poder del papado sino también “ el derecho divino de los reyes”. Y es así como se van originando nuevas doctrinas filosóficas y políticas afirmativas de un nuevo concepto individualista de los derechos del hombre, fundados sobre la propiedad y la iniciativa privada, cuyos ingredientes son el anticlericalismo, la democracia propietarista, el nacionalismo, y el individualismo.

Ninguna sociedad puede conservar la paz interior sin un centro de autoridad que reuniendo alrededor de sí la opinión pública del país, el mismo interés común , la haga obedecer y respetar. Por una fatalidad, que ha hecho la desgracia de los pueblos americanos , el espíritu del partido , la ambición, la codicia, la venganza, las pasiones todas se han reunido para desconocer ese centro común (….) Sin embargo , ésta obsesión de impedir la inestabilidad política dando al presidente tantas prerrogativas, lo iba a convertir en otro factor de las convulsiones internas.

Los movimientos armados son presididos de una virulenta campaña periodística practicada por ambos bandos en la que se detractan mutuamente , ahondándose así los resentimientos personales.

El tratado de Paz de 1851 enfoca con gran comprensión y altura de miras la finalización de la lucha, estableciendo que “ se reconoce entre todos los ciudadanos orientales de las distintas opiniones en que ha estado dividida la República iguales derechos, iguales servicios y méritos y opción a los empleados públicos , en conformidad a la Constitución y se declara que entre las diferentes opiniones en que han estado divididos los orientales no habrá vencidos ni vencedores , pues todos deben reunirse bajo el estandarte nacional para bien de la patria y para defender sus leyes e independencia. Esta declaración es recibida con júbilo por la población de ambos bandos que entran inmediatamente a confraternizar , incluso el general Oribe a quien se lo ve paseando por Montevideo.

“Rompo pública y solemnemente esta divisa colorada(...) ¿Qué es lo que divide hoy a un blanco de un colorado?, lo pregunto al más apasionado y el más apasionado no podrá mostrarme una sola idea social, una sóla idea moral, un sólo pensamiento de gobierna con esa división. Sugería, además ,la búsqueda del apoyo brasileño para estabilizar la situación política.

“Tantas eran las vinculaciones creadas entre los militares uruguayos y los estadistas argentinos que la prensa porteña no ocultaba el anhelo existente de la reincorporación de la Provincia Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata” ; y del lado brasileño, era igualmente abierto el concurso militar.
Y así vemos otra vez a los dos países limítrofes no queriéndose dar ventajas en lo que al Estado Oriental se refiere. Ambos países, por encima de sus coincidencias en lo referente a la política hacia el Paraguay, se cuidaban mutuamente de que ninguno pudiera conseguir ventajas en nuestro país y ese equilibrio era la garantía de la independencia uruguaya , conjuntamente con los deseos de las potencias europeas de mantener libre la navegación del Río de la Plata,a lo que no era ajena también la política estadounidense.

En este marco político tan antagónico y propicio a la violencia, por hacerse acusaciones de ser burlada sistemáticamente la pureza del sufragio , estalla la revolución blanca dirigida por Don Bernardo Berro, en febrero de 1868, la que es derrotada. Berro es capturado y el general Flores es asesinado por un grupo de hombre encapuchados, culpándose del atentado a los blancos, en el primer momento, aunque posteriormente la familia Flores acusa a los conservadores y al caudillo colorado Gregorio Suárez del atentado. En el paroxismo de la exaltación del momento, un adicto del general Flores asesina poco después a Don Bernardo P.Berro, y así, otra vez , la lucha política se tiñe con sangre.

Simultáneamente en el sector blanco se producía la misma división que mostraba no solo diferencias de tipo político sino también social. Esta masa “candomebera” , el pueblo tradicionalista , inculto, con sentimientos primitivos y violentos que chocan con la parte culta y europeizante de la ciudad. Los sectores “ candomberos” llaman a la clase alta y educada “la familia” , a la que acusan de constituir un grupo oligarquico. Esta realidad social va decidir a Jose Pedro Varela a adoptar una grave decisión personal, rompiendo con la clase aristocrizante , para entrega r su vida a la expansión de la educación popular.

La creación de ese gran partido nacional fracasa porque la conformación socio-económica de la sociedad uruguaya, y su bajo nivel cultural, determinan la preeminencia del caudillo y por lo tanto la influencia del poder central termina un poco más allá de los limites montevideanos .A esta debilidad del Poder Ejecutivo contribuye también la actitud del la élite doctoral, el “patriciado”, que actúa como grupo cerrado , aristocrizante y despreciativo de los sectores pobres de la población, que encuentran los caudillos y sus secuaces a sus portavoces naturales.
Este enfrentamiento socio-político de la élite con los “candomberos” no estrictamente un enfrentamiento clasicista en el sentido moderno de la palabra , ya que los caudillos constituyen un estrato social superior al resto del pueblo. Más bien es una especie de patriarcado dentro de esas relaciones sociales engendradas por la realidad social social precapitalista de ese entonces. El caudillaje y el pueblo bajo quieren que el país continúe como había sido hasta ese momento,sin alambrados, marcas de ganado, ni reglamentaciones, es decir, de costumbres libres. Sus valoraciones culturales están circunsriptas al tradicionalismo de las costumbres y su horizonte político son las divisas tradicionales que simbolizan sus amores y sus odios, la élite, por su desarrollo cultural , rechaza este tradicionalismo que en su concepto es retrógrado y concibe el desarrollo sobre la base de la inmigración europea , con el aporte de sus conocimientos y técnicas , para cambiar la fisonomía primitiva del país. Esta posición hubiera sido ideal si, por el otro lado,no hubieran dado la espalda ala realidad social de la naciente nación.

El régimen de Latorre , en su relación con los partidos políticos y otros aspectos de la vida del país , será tratado en el capítulo siguiente. Por ahora,vamos a enfocar su naturaleza política y económica que puede enmarcarse dentro de la tipología de las “dictaduras unificadoras”, que se dieron por entonces en América Latina, y cuyo significado fué el fortalecimiento del poder central y la inserción del las economías nacionales en la economía capitalista mundial.
La entronización de Latorre en el poder fué posible fundamentalmente por la alianza tacita de la nueva burguesía con el ejercito profesional , pero éste no es el único aspecto a subrayar de aquel momento histórico , sino también la evolución que habían venido operándose en los campos de la cultura , la ciencia y la sociología , cuyo primer exponente fue Jose Pedro Varela.
Entrando en materia, esta nueva burguesía , con un altísimo porcentaje de inmigrantes , viendo que el principismo era incapaz de imponer el “orden” en el país , y acuciada por la crisis económico-financiera del llamado “Año Terrible”, abandona al núcleo político doctoral e incita al ejercito,en cuyas manos está el poder real ,a la toma del poder político. El resultado de esta alianza política es la institunalización , mediante leyes y decretos , de esas nuevas estructuras sociales que habían venido dando una distinta fisonomía a la sociedad uruguaya.

Ante esta situación tan primitiva del interior del país , Varela llega a la conclusión de que el caudillaje es la única forma de gobierno posible, por ser el que mejor se adapta al estado social de la campaña. Por consiguiente, las causas de las crisis políticas y de los levantamientos armados , a los que califica como “ una plaga para el país “ , se deben a la ignorancia del pueblo , y a las instituciones políticas creadas por la Constitución de 1830, totalmente en desacuerdo con la realidad social del país.
Su análisis sociológico alcanza a lo que él llama “ las clases altas” , con costumbres y placeres imitativos de los países más adelantados y ricos , que la lleva a disfrutar de un nivel de vida desproporcionado con las posibilidades reales del país. Acusa a estas “ clases altas”, además , de dedicar a sus hijos a la explotación de la ganadería primitiva, en lugar de prepararlos para la industria , el comercio y la agricultura. Pero, su enfrentamiento más duro es contra lo que él llama “ espíritu universitario” , al que acusa de ser poco práctico y de divorciar la teoría de la práctica para beneficiarse de “ privilegios abusivos “ , por su “ espíritu de casta”. En esta tesitura , José Pedro Varela entiende que las crisis políticas son una consecuencia de un acuerdo tácito entre los universitarios y los caudillos que , enfrentándose aparentemente,en el fondo están de acuerdo en mantener esa situación socio-económico sin cambio alguno , para no poner en peligro sus privilegios.

Desde luego, sin pretender ser único, soy uno de aquellos hombres que saben meditar en nuestro país y que hace muchos años están grandemente desencantados de los partidos ,por más que consideraciones de decoro obliguen a permanecer en ellos , mucho más si se encuentran en la mala fortuna. He venido teniendo una participación de cierta preeminencia en los acontecimientos políticos del país de muchos años a esta pare, mi intervención se ha señalado siempre por el deseo manifiesto, llevado a la práctica a costa de muy penosos sacrificios , de hacer que partidos sin razón de ser a los cuales no distancia ninguna idea fundamental , ninguno de aquellos atavismos de raza que suelen ser en los pueblos en los que hay mezclados , causa permanente , aunque oculta y poco declarada de las divisiones políticas , lleguen gradualmente a la desaparición de esas divisiones artificiales(...)



La revolución de los pueblos libres por Humberto Maiztegui

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